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Se agrava la economía

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Las autoridades económicas no han logrado enfrentar la caída de los ingresos petroleros dentro de un marco de crecimiento. La solución consistió en darle rienda suelta a la devaluación y elevar la tasa de interés, lo que resultó en inflación que duplica la meta del Emisor y crecimiento económico de 2 %, cercano al aumento de la población. El modelo de libre cambio y de la inflación objetivo regulada por la tasa de interés hizo agua.

Es hora de que se entienda el insuceso de la devaluación. No se cumplió el principio sagrado de la ortodoxia de que el alza del tipo de cambio aumenta las exportaciones y reduce las importaciones. Como el aumento de los precios de las importaciones ha sido mucho mayor que el de las exportaciones, las empresas han recortado la producción de las exportaciones para ampliar la sustitución de importaciones. La reducción de las compras externas se compensa por las menores ventas. La diferencia no ha variado considerablemente; el déficit en cuenta corriente se mantiene en 6 % del PIB.

Lo grave es que el alza de los precios de las importaciones se trasladó rápidamente a la producción doméstica y elevó la inflación a 8 %, y en el desespero, las autoridades económicas buscaron contrarrestarla subiendo paralelamente la tasa de interés. En cierta forma se cayó en el error conceptual de acudir a la austeridad monetaria para contrarrestar la inflación de costos ocasionada por la devaluación. Ambos aspectos ocasionaron una reducción del crédito y una caída del salario real que se llevaron por delante la actividad productiva.

La economía entró en un proceso acelerado de deterioro que aparece claramente registrado al final del primer semestre. El consumo de energía, los recaudos tributarios, las ventas del comercio y el empleo registran índices negativos. La industria, la agricultura, la minería, la energía, el comercio y la construcción pública y privada, que representan más de la mitad del producto nacional, en conjunto descienden con respecto al mismo período del año anterior. El pobre aumento de la producción se origina en algunas actividades menores de servicios que carecen de cifras confiables y en la entrada de Reficar, que es un efecto de una sola vez.

Lo anterior tiene una clara manifestación en el mercado laboral. En los últimos tres meses el empleo descendió con respecto al año anterior. La tasa de desempleo se sostiene porque los trabajadores, ante la decepción de no encontrar empleo, dejaron de buscarlo.

El desenlace no podía ser más alarmante. El ajuste externo por la vía de la recesión y el desempleo configuró un cuadro de crecimiento de 2 %, déficit en cuenta corriente de 6 % del PIB, déficit fiscal de 3,9 % del PIB e inflación de 8 %. No es necesario profundizar mucho para advertir que semejante estructura revela un estado de crisis insostenible. Infortunadamente, el camino escogido para rectificarla no actúa en la raíz de la dolencia. Para evitar el incumplimiento de la regla fiscal y tranquilizar a las firmas calificadoras de riesgo, el Gobierno ha presentado una reforma tributaria basada en la elevación del IVA y orientada a reducir el déficit fiscal a menos de 2,5 % del PIB. La fórmula acentuaría las tendencias recesivas y no corregiría el déficit en cuenta corriente, sin duda, la causa dominante de la crisis.

La alternativa es de Perogrullo. Lo que se plantea es un ajuste del desbalance externo por la vía de la reactivación. En la práctica se lograría por la baja de la tasa de interés, mantenimiento por ahora del déficit fiscal y su reducción gradual en el futuro, y, lo más importante, la adopción de una política industrial y agrícola, en el amplio sentido de la palabra, que propicie las exportaciones y las concilie con la sustitución de importaciones.

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