Que no nos hierva la sangre

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Hace pocos días leí un breve artículo de Julia Minson, profesora asociada de políticas públicas de la Universidad de Harvard, que comienza con estas provocadoras preguntas: “¿Cuando piensa en tener una conversación con alguien en el lado opuesto de su espectro político le hierve la sangre? ¿Solo pensar en el enojo y la frustración que sentirá hace que no tenga esa conversación? ¿Sospecha que, si esta se da, usted destruiría los argumentos de su contertulio?”.

En medio de la polarización que vive hoy Colombia, todos deberíamos hacernos estas y otras preguntas para tratar de entender por qué es tan difícil construir colectivamente consensos sobre temas tan fundamentales como la paz.

Como lo señala Minson, las democracias son más sanas y funcionan mejor cuando los ciudadanos escuchan y entienden opiniones diversas, tanto con las que están de acuerdo como con las que no. Pero a la vez señala que, consciente o inconscientemente, con frecuencia las personas se encierran en espacios físicos y virtuales o interactúan solo con quienes comparten sus creencias y posiciones. Y son estos cerramientos los que no nos permiten generar diálogos constructivos, deponer la arrogancia, escuchar sin prejuicios, aun si no estamos de acuerdo con todo.

Traigo a colación esta lectura porque en Colombia parece cada día más difícil dialogar entre personas que piensan diferente y construir consensos sobre temas fundamentales. Quizás el ejemplo más claro es lo que viene sucediendo con el Acuerdo de Paz. Este no es perfecto, es susceptible de ser mejorado, pero al fin y al cabo es un acuerdo suscrito entre el Estado colombiano y las Farc, que está protegido por mandato constitucional y que antepone sobre cualquier otro interés los derechos de millones de víctimas a conocer la verdad, a la reparación y a la no repetición. Y a pesar de esto, ha generado una profunda polarización en la sociedad colombiana.

¿Por qué es tan difícil para algunos reconocer que gracias al Acuerdo de Paz y al sistema de justicia transicional miles de víctimas de la guerrilla, de agentes del Estado y de los paramilitares pueden hoy tener la esperanza de que van a conocer la verdad sobre lo que pasó con sus familiares, sus bienes y sus tierras en más de seis décadas de conflicto armado? Por ejemplo, las familias de cientos de personas desaparecidas, entre ellas las víctimas de ejecuciones extrajudiciales y secuestros perpetrados por diferentes actores, que podrán saber qué pasó.

En momentos como estos, es necesario aprender a encontrar puntos en común y estar dispuestos a trabajar mancomunadamente para lograr fines compartidos, aun si persisten y sobre todo respetando las diferencias. En esta dirección va el llamado que hace unos días le hizo al Gobierno Nacional la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, para implementar el Acuerdo de Paz, en el marco de la Cumbre por la Paz Territorial, convocada conjuntamente con la alianza Defendamos la Paz. Llamado que implica tener la disposición de construir colectivamente, evitando que nos hierva la sangre si el otro no piensa como nosotros. Ojalá el presidente Duque esté en disposición de hacerlo.

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