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No es mucho lo que queda por decir sobre los resultados de las elecciones del pasado domingo, cuando este tema ha sido cubierto en detalle por todos los medios de comunicación del país.
No obstante, hay algunos hechos que pueden servir de aprendizaje para el futuro. Uno de ellos tiene que ver con los movimientos políticos que se construyen en torno a la figura de un caudillo. Lo que le sucedió al Centro Democrático en Bogotá, Medellín y en otras ciudades del país, muestra que el nombre, la presencia física e incluso la popularidad de una persona, no son suficientes para ganar elecciones. Por el contrario, genera una dependencia que se convierte en un obstáculo para el surgimiento de nuevos liderazgos y pone en riesgo la supervivencia y fortaleza de las organizaciones políticas.
Por razones diferentes, el Progresismo de Gustavo Petro en Bogotá es otro ejemplo de que el caudillismo desgasta a las organizaciones. Este movimiento político, que se presentó hace cuatro años como alternativa política renovadora, acabó atomizada como consecuencia de un liderazgo autoritario que impidió construir un equipo con visión de largo plazo.
Otro asunto es la laxitud con la que se hicieron muchas de las alianzas y se dieron los avales a candidatos. Si bien el objetivo de las elecciones es ganar, en las del domingo primó el principio de que el fin justifica los medios. Por eso es difícil entender que quienes abogaban por dejar atrás prácticas del pasado y se presentaban con propuestas renovadores, hicieran coaliciones con los sectores más tradicionales del quehacer político del país. O que candidatos con cuestionamientos legales y éticos hayan sido avalados por los partidos que hoy se proclaman como ganadores. Y es aún más incomprensible que los ciudadanos hubieran elegido a esas personas, incluyendo al candidato electo de Yopal quien se está en una cárcel. Frente a estos hechos, ¿a quién le van a responder los elegidos a nombre de estas coaliciones? Y al momento de rendir cuentas sobre sus ingresos y gastos de de campañas, ¿qué partido o movimiento va a asumir la responsabilidad?
Por último, los nuevos alcaldes de Bogotá, Cali y Medellín, y de otros municipios y Gobernaciones del país, fueron elegidos por movimientos ciudadanos. Si bien recibieron el apoyo de diferentes partidos y movimientos políticos, durante sus campañas se presentaron como candidatos ajenos a la política, y lo reiteraron en sus entrevistas a los medios una vez electos. Sin duda, este discurso fue un factor muy importante para su elección, lo cual se explica por el inmenso desprestigio de los partidos políticos y la poca credibilidad que generan en muchos ciudadanos. Sin embargo, este mensaje conlleva una falacia, porque hay pocos hechos más políticos que participar en elecciones, gobernar y administrar los recursos públicos.
Lo que el país necesita no es menos política, sino más y mejor política. Recuperarla para los ciudadanos significa devolverle el valor y el verdadero significado a lo público como algo que nos pertenece a todos y que debe ser protegido frente de los abusos de quienes pretenden anteponer sus propios intereses al interés colectivo.
* Directora Ejecutiva de Transparencia por Colombia