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Reficar o la joya de la corona que no fué

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Cuando se habla de una joya de la corona es para señalar a empresas, objetos, eventos o lugares que por sus características e importancia real o simbólica sobresalen entre otros que pertenecen al mismo grupo y son considerados ejemplos para emular. Por estas razones deben ser cuidados y preservados con especial cuidado y con esmero.

Sin embargo, esto no siempre es así. Por la información que se ha conocido en las últimas semanas, claramente no es lo que pasó con la recientemente inaugurada Refinería de Cartagena, que parecía ser una de las joyas de la corona del país. Miles de millones de pesos en sobrecostos, pagos desorbitantes a contratistas, aparente retención indebida de información y graves errores de ejecución, son solo algunas de las actuaciones irregulares e ilegales que han comenzado a investigar la Contraloría, la Fiscalía y la Procuraduría y que apuntan a develar el que podría ser el mayor caso de corrupción en la historia del país, que superaría los US%4.000 millones.

Pareciera que algunos de los directivos y exdirectivos de Reficar y de Ecopetrol, de multinacionales y empresas de ingeniería nacionales y extranjeras, contratistas y funcionarios, abusaron de su poder en beneficio propio a costa de los recursos de la nación y de los colombianos, o en el mejor de los casos no actuaron con la diligencia y la celeridad debidas para impedirlo.

Hechos como éstos le dan la razón a Humberto de la Calle, jefe de la delegación del Gobierno en los diálogos de La Habana, a Sergio Jaramillo, alto comisionado para la Paz y a David Bojanini, presidente de Sura, quienes hace unos días, en el Hay Festival en Cartagena, coincidieron en afirmar que la corrupción es uno de los mayores enemigos de la paz, y uno de los factores que crea más injusticia, exclusión, violencia e inequidad. Es decir, que si ésta persiste y no se promueve una lucha integral para atacarla, se convierte en un obstáculo insalvable para erradicar algunas de las causas estructurales generadoras del conflicto armado en Colombia

Por esto es fundamental que la lucha contra la corrupción no sea vista como un propósito accesorio o subsidiario, sino como un eje transversal y central de las políticas y programas que desde el Estado y el sector privado se diseñen e implementen para construir una paz estable y duradera, que pasa por involucrar activamente a la sociedad civil en este propósito.

Generalmente se piensa que la corrupción se circunscribe al sector público. Sin embargo, como lo demuestran el caso de Reficar y muchos más, el sector privado tiene una gran responsabilidad. Asumir compromisos contundentes y verificables para impedirla y combatirla es sin duda uno de los mayores aportes que éste puede hacerle país. Esto no solamente va a contribuir a mejorar el clima de negocios, a generar más empleo, a cuidar los recursos públicos y privados, sino a reconstruir la confianza, a crear capital social, a fortalecer la institucionalidad, a construir comunidades. Es una oportunidad para que empresarios, grandes y pequeños, amplíen su mirada frente la responsabilidad social empresarial y la entiendan además como el ejercicio de su responsabilidad política en un momento histórico para el país.

* Directora Transparencia por Colombia @eungar1

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