Reformar la política para combatir la corrupción

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Tradicionalmente, las elecciones del contralor general de la República y de los contralores departamentales y municipales han estado precedidas de acuerdos, negociaciones e intercambio de favores entre los gobiernos y los partidos políticos, lo cual pone en entredicho la independencia de quienes están llamados a controlarlos.  Esto no es un asunto menor, porque las Contralorías son las instituciones encargadas de ejercer en todos los niveles control, vigilancia fiscal y auditoría a todas las entidades de las tres ramas del gobierno, incluyendo la rama ejecutiva.  Y la independencia comienza con el origen de su elección, el cual, en la medida en que sea político, la pone en riesgo. 

La no participación —por lo menos no de manera pública y sin “guiño presidencial”— del presidente Duque en la elección del contralor es una buena señal para el país, que debería ser emulada en otras elecciones.

Sin embargo, mientras esto ocurría, los congresistas y los partidos comenzaron a mover sus maquinarias para elegir a un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE).  Esto sucedió con los mismos vicios del pasado: negociaciones entre las organizaciones políticas, sin convocatoria pública y sin criterios de meritocracia, sin hacer públicas las hojas de vida de los candidatos, sin audiencia pública para permitir la participación de la sociedad civil.  Esto significa que probablemente el país va a tener de nuevo un CNE politizado, amarrado a los intereses partidistas, sin independencia ni autonomía, demasiado cercano a los partidos.  Es decir, una autoridad electoral que no ofrece garantías de imparcialidad, idoneidad y eficacia en su gestión. 

Y también, de manera casi simultánea, más de once millones de colombianos dijeron no más corrupción, votando afirmativamente la consulta.  Esta fue una movilización ciudadana nunca antes vista en el país, un grito desesperado para que no se sigan dilapidando los recursos y bienes públicos.   Y en reconocimiento a este hecho de incuestionable relevancia, el presidente Duque convocó a a representantes de todos los partidos políticos a una cumbre  para aunar esfuerzos en la lucha contra la corrupción y sacar adelante la agenda que en esta materia está comenzando a ser discutida en el Congreso.

Menciono estos hechos porque son un reflejo de diferentes realidades que se están desarrollando en medio de un escenario político enrarecido y contradictorio,  que puede determinar el éxito o el fracaso de los proyectos anticorrupción en curso.  Como lo señala el exministro Alejandro Gaviria en el artículo “Cinco ideas para reducir la corrupción”, ésta debe abordarse “no solo como un problema en sí mismo, sino también como un síntoma de problemas más profundos en el funcionamiento del Estado y el orden (o desorden) institucional”. 

Por esta razón, romper los vínculos perversos entre el Ejecutivo y el Legislativo, que se nutren del clientelismo, es fundamental para combatir la corrupción. Este propósito no puede lograrse si de manera paralela no se introducen reformas en el funcionamiento del sistema político y en la manera de acceder al poder y de ejercerlo.

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