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El sol era abrasador en Cartagena de Indias. Con mi amante caminábamos sin rumbo hasta que nos encontramos en un parque en el centro lleno de vegetación exuberante. Seguimos caminando cuando llegamos a la calle del señor Quero. Nos contaron:
Cuando el “pobre” Miguel Quero murió lo encontraron con el cuello partido. Se le había cerrado el baúl donde guardaba un tesoro de monedas. Cada noche las contaba. Vivía en una casa con sus gatos como única compañía y se oían gritos y quejidos. Su primer nombre era Miguel Cuero y en la calle le gritaban “cuero de gato curtido”. Por eso un día cambió su apellido por Quero y así hasta que murió se llamó Miguel Quero.
Hay una callecita que va hacia el cementerio. Los entierros cuando pasaban trataban de evitar todos los huecos pero algunos no los esquivaban y el finado rodaba por la calle llamada de Tumba Muertos. Para poner algo de humor caribeño si pasan esta calle hay un sitio que se llama Burger Tumba Muertos.
Caminando de noche con la gente en las aceras disfrutando de la brisa sensual proveniente del mar, nos tropezamos con una viejita que nos contó que de joven era una morena arriesgada, sin miedo que le enseñaron magia en Santo Domingo y comenzó:
Los vecinos me llamaron una noche para que les ayudara a averiguar sobre los gritos de miedo desgarradores que se oían en una calle cercana. Decidí ir al sitio hacia las 12 de la noche y de pronto unos ojos rojos brillantes inmensos comenzaron a seguirme; luego esos ojos se convirtieron en una gran serpiente y luego en una bruja. Esto ocurrió en la calle de Sierpes (serpiente).
La mujercita entrada en muchos años nos estuvo guiando hasta altas horas de la noche. La seguimos por los barrios de Getsemaní y San Diego hasta llegar al centro histórico. Y así nos adentramos en la Cartagena popular llena de barcitos y gente y olor a mujer sensual caribeña.
Las callecitas con nombres de leyendas son numerosas, es la Heroica de cuento, del Pirata Drake, de los esclavos que ese gran santo Pedro Claver trataba con mucha compasión y sabiduría, esos seres de otro mundo, del África manejados por los mercaderes como animales de brega.
Pero Cartagena nació llena de energías disímiles que nos pueden despojar del espíritu de turista con ganas de playa, sol y palmera para volvernos turistas de su historia.
Comencemos por Pedro de Heredia en Madrid por allá en 1500 y pico; tenia una vida cuyo único compromiso era seducir y divertirse en los mesones de Madrid. Un gran espadachín cuyas habilidades iban más allá de desenvainar la espada. También era hábil en la seducción sin importar si las doncellas eran casadas o solteras. Un hombre de contextura fuerte, musculoso, con las cicatrices de los lances en que se había metido y salido no siempre airoso. Su familia los Heredia, hidalgos que vivían en Madrid, veían en Pedro poco interés por sus deberes de esposo y más bien el juego y beber eran sus aficiones.
Una noche individuos de mala calaña le trataron de cobrar afrentas pasadas. Se defendió bien, sin embargo el hijo del hidalgo salió mal parado con una herida que prácticamente le iba cercenando la nariz. Tiempo después, recuperado de las heridas, y con el propósito de vengarse, buscó a cada uno de sus agresores y los retó a duelo. Perdieron y la vida fue la factura. Los duelos fueron tomados por las autoridades como una acción en contra de las leyes existentes y el futuro fundador de Cartagena tuvo que salir en forma discreta y sobornando al capitán de la nave que lo llevaría al nuevo continente en una embarcación de comercio vigilada por la Casa de Contratación de Sevilla, entidad perteneciente a la Corona, que controlaba entre otras cosas quienes eran autorizados a viajar al nuevo continente así como la asignación de un porcentaje de territorio conquistado y parte de sus riquezas.
El 1 de junio de 1533 Pedro de Heredia fundó la ciudad de Cartagena de Indias en la bahía que ya tenía ese nombre por su parecido a Cartagena en España, como sabemos todos. En un principio el fundador fue un buen negociante con los locales y buscó, en lugar de maltratarlos, hacer alianzas para conseguir las riquezas como el oro que los conquistadores creían que brotaba de la tierra y ríos en gran abundancia. El camino perfecto en dirección al universo de la codicia humana.
En el You Tube traté de ver a Cartagena con otros ojos aunque algunas tomas son la que haría un turista, saberla desnudar en forma amable y sin maltratar sus partes mas delicadas que tienen historia, como las callecitas con nombre de leyendas, sus balcones que recuerdan épocas pasadas del poderoso Imperio de Carlos V, primero de Alemania. Sus turistas uniéndose en el sagrado vínculo, o la novia cartagenera con su padre en carroza hacia el altar, sus bailes en la plaza por grupos de danza, el cuarto donde vivió y murió San Pedro Claver, que al leer parte de su vida da tranquilidad que sí existen verdaderos apóstoles. En esta época las calles están llenas de restaurantes de comida local e internacional sin embargo encontramos un remanso de paz, Ábaco Libros y Café, un pequeño bar biblioteca donde el barman, Guillermo, que se considera más bien un mixólogo, prepara todo tipo de tragos. Entre ellos favor no perderse el mojito con jengibre.
Las fuentes para mi imaginación fueron el libro de Vilda Cueto González titulado “Las leyendas de Cartagena de Indias contadas a los niños” algo original, divertido y muy interesante y el libro de Arturo Aparicio Laserna “Pedro de Heredia”. Una investigación seria del personaje pero escrita en forma divertida y en algunos pasajes se lee un estilo parecido al de Pérez Reverte.
Que tenga un domingo amable.