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Don Pedro, o doctor, como le dice su secretaria, hace parte importante de una institución bancaria. Tiene un sueldo que mucho ejecutivo envidiaría, casa inmensa -y propia- y las respectivas prerrogativas, como carro con chofer, guardaespaldas y muchas conexiones en el mundo de los negocios. Los hijos van a los mejores colegios y el club de golf hace realidad muchos de sus deseos, con una atención perfecta hasta en sus mínimas pretensiones.
Don Pedro engrosa el ejército de buena parte de la humanidad que está convencida que lo que tiene se lo merece. Vivimos en ese mundo de valores torcidos que nos llevan a darle prioridad a nuestro síndrome del gasto. El verbo gastar en bienes basura es nuestra realidad. Solo basta con mirar los mares, ríos y tierra saturados de nuestros desechos.
Los gringos, que son un referente claro de cómo vamos a terminar si no buscamos soluciones a nuestro consumismo, tienen un día que causa sorpresa positiva, conciliadora y amable: el día de Acción de Gracias.
En esa fecha recuerdan a los Pilgrim fathers (Padres peregrinos), que llegaron de Inglaterra y fueron de los primeros colonos que tuvo esa nación.
Hasta donde sé, se les enseña a los niños que estas personas salieron de su país buscando un mundo mejor y, después de su primera cosecha de maíz, agradecieron al Señor su generosidad compartiendo una comida con los indíos quienes, por cierto, les habían enseñado cómo cultivar esas tierras.
Resulta que esa historia es incompleta. Les cuento: en los siglos XVI y XVII, Holanda acogió a numerosos protestantes flamencos, franceses e ingleses. Fue por esa fama de apertura y tolerancia que en 1607 llegaron un centenar de puritanos ingleses que habían abandonado su país bajo amenaza de persecución. Se trataba de granjeros que tuvieron que adaptarse a su nueva condición urbana y que se integraron en diversos oficios artesanales. Se instalaron en la próspera ciudad de Leiden – Holanda – , sede de importante industria textil.
Sin embargo, llegó un momento en que consideraron que Leiden era demasiado liberal para sus valores puritanos y que algunos miembros de su congregación estaban alejándose del buen camino al ver el mal ejemplo y las formas de vida extravagantes y peligrosas de los holandeses, por lo que decidieron emigrar.
Después de haber pasado más de 10 años en los Países Bajos, las primeras familias de puritanos ingleses partieron en 1620 desde el puerto de Delfthaven, en el barco Speedwell, hacia Southampton, donde se embarcaron en el famoso Mayflower para hacer el viaje trasatlántico que los llevaría al Nuevo Continente.
El día de Acción de Gracias se empezó a celebrar en los Estados Unidos (al principio de forma irregular) desde 1789 y no fue sino hasta que Abraham Lincoln lo convirtió en una fiesta nacional que tomó el carácter que tiene hoy en día, como una fecha para reflexionar sobre las gracias recibidas y convivir con la familia. Por cierto, el nombre de Padres peregrinos se los dio el orador Daniel Webster cuando se refirió a ellos durante la celebración del bicentenario de su viaje (1820).
Un comentario final: la celebración, como dije antes, fuera de darle gran importancia al ámbito familiar, es una fecha para reflexionar sobre las gracias recibidas. Pero también es un momento para recapacitar sobre nuestra responsabilidad en el cuidado del mundo, la casa donde nuestros hijos y nietos vivirán y que ahora estamos destruyendo. Debemos dejar de sentirnos paridos por los dioses y con derecho a dañar la naturaleza suponiendo que serán otros los que se encarguen de arreglarla.
Que tenga un domingo amable.