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Vamos a imaginarnos que soy profesor de Religión y Moral Católica – ni mi mujer me lo creería – de un colegio en alguna ciudad española. Tengo un record intachable de 7 años de trabajo y decido casarme con una divorciada.
Acto seguido el obispo del lugar procede a botarme del puesto por este hecho. A partir de ese momento y por once años, después de múltiples pleitos, todos ganados, el tribunal pertinente decide que debo ser readmitido en mi antiguo puesto.
El obispo se opone a que sea restituido con esta belleza de argumento: Por un acuerdo con el Estado Vaticano se les concede a los curas el derecho para tomar las determinaciones de aceptar o destituir a los profesores de religión; sin embargo, es el Estado – los contribuyentes – el que paga los salarios. Estamos hablando de España, siglo XXI.
Sigamos. A todas estas son 11 años de luchas con las pérdidas de salario respectivo. Finalmente llega la sentencia en firme que obliga al obispado y al ministerio de educación a readmitirme con las mismas condiciones que tenía antes de que me sacaran y a pagarme 11 años de salarios caídos. El obispo se arrancha y dice que él no tiene por qué pagar esos salarios, sino el ministerio de educación aunque nuestro obispo ha sido quien ha tomado la decisión de botarme.
Ahora viene el ministerio y me cancela un sólo año de salarios y no los 11 años, apelando a un recurso infantil: que no he llenado bien el formulario de solicitud. ¿Qué haría usted?
Lo anterior le sucedió a la señora Resurrección Galera en la ciudad de Almería, España, quien finalmente se vio en la necesidad de acudir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos para tratar de obtener justicia.
Fuente: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/08/03/actualidad/1407085081_009339.html
Esto me llevó a pensar que en los países donde la línea divisoria entre Iglesia y Estado es muy borrosa, la Iglesia no hace sino meter la pata. El problema es esa sabiduría sin límites que los pastores pregonan y por eso se han metido en tanto lio
– Expertos en todo. Si hay un estudio acerca del cultivo de tomates de árbol, habrá alguien de la santa congregación experto en el tema y dará su opinión sobre si es conveniente este fruto para convivir con la fe y vida espiritual, de acuerdo a las normas vaticanas.
– Expertos en material de caucho. La guerra del condón ya la perdieron totalmente, pero como no se rinden, se les ocurren cruzadas extrañísimas como la que hicieron con gran boato en África, para esparcir la deschavetada idea del no uso del preservativo, cuando en este continente de cada 100 personas 4 tienen sida – dato de la ONU- . Algún alto prelado ya hablaba en términos técnicos: “No es seguro, puede estar poroso.” Expertos por todos los lados.
– Expertos en torturas. Crearon el infierno – lo inventaron hacia el año 1200 – para poder enviar a los que disentían. Chiquito me acuerdo la sentencia de “si faltas un domingo a misa y te coge la muerte antes de confesar el pecado mortal, te vas al infierno, sin derecho a pataleo”. Con un miedo tremendo le confesé a mi mamá que en lugar de ir a misa me había ido a jugar futbol con unos amigos de la cuadra. Mi mamá le tocó actuar de cura y perdonarme. Por eso sobre temas de fe, le empecé a creer más a ella que a los curas. Ya hace un tiempo dijeron que no existía infierno – ahora es una alegoría o algo así – lo que es una lástima pues hay veces que le provoca a uno mandar todo al infierno.
– Expertos en moda. Leí que un cura sostenía que las mujeres, por la manera en que se vestían, eran las culpables de que los hombres las atacaran.
– Expertos en educación, más o menos, con el descalabro del curita Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo – pobre Cristo – y no se diga del resto.
– Expertos en el celibato. Se lo vinieron a inventar por allá en el año 1400 o yo no sé qué. Antes los curas no tenían semejante cuento.
– Expertos en el comportamiento de la mujer y su relación en el mundo sacerdotal.
– Expertos en estadísticas. Para fortalecerse en algunos medios, mencionan que el catolicismo es la única religión que crece. El cuento va a que la familia educada dentro ámbito católico, al nacer sus hijos, entran en las estadísticas de los bautizados y, obvio, engrosan las filas que posteriormente y en la medida que crecen no quieren tener ninguna relación con la Iglesia, pero quedaron registrados en la parroquia respectiva. Por eso el bautismo debería ocurrir a la mayoría de edad y otro seria el cuento.
– Expertos en pleitear. Se han fortalecido enormemente en el campo legal. Los juicios sobre la pederastia los han manejado con ejemplar habilidad, tapándole la boca a muchos con acuerdos directos.
– Expertos en el aborto. Da tristeza ver cómo es tratada la mujer en la legislación de los países con gran cercanía a la Iglesia. No creo que a la fecha haya ningún cura que haya abortado ni pueda sentir los traumas de la mujer que aborta, los destrozos psicológicos y las estructuras emocionales hechas trizas. Para el Vaticano Holanda puede ser la versión moderna de Sodoma y Gomorra, pero aquí la ley le da a la mujer el derecho que sea ella quien tome la decisión. Puede acudir al médico de familia, quien la remitirá a la clínica especializada, o puede ir directamente al hospital. La mujer no tiene obligación legal de conseguir la anuencia de su pareja o padres. El aborto se puede practicar hasta la semana 24. Antes y después del aborto, el Estado ofrece ayuda psicológica.
– Expertos financieros. Bueno en esto no les ha ido bien.
Yo estoy seguro que dentro de la Iglesia hay gente supremamente valiosa y consagrada que está haciendo el bien. Pero aquellos cercanos al poder empiezan a levitar, a perder contacto con lo terrenal y quieren estar en todo.
El papa Francisco es una gran figura, pero de no concretar más pronto que tarde las expectativas que ha generado tendrá enormes problemas para mover el elefante blanco Vaticano y recuperar fieles.
Por Enrique Aparicio Smith
Holanda, septiembre 2014