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El último salto

Enrique Aparicio
24 de septiembre de 2016 – 07:09 p. m.

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El tiempo estaba húmedo. Se sudaba sin sudar. El cuerpo de paracaidistas de la brigada francesa en Indochina estaba con el equipo completo, preparado para saltar a un sitio previamente escogido como apoyo a su gente de tierra.

Albert Stihlé, su capellán, había recibido la orden de volver a París pues había cumplido su tiempo reglamentario con las fuerzas francesas.  Estaba listo para regresar a su vida de trabajo pastoral en la capital francesa cuando supo que su grupo de paracaidistas iba a lanzarse a una misión.  No dudó un minuto en acompañarlos.  Fue el último salto en paracaídas de su vida.  Hecho prisionero, este gran ser humano se encontró frente a la muerte que se presentaba cada día desde que cayó en manos del ejército contrario, para ver si su equipo y él estaban listos para montarse en la barca que los llevaría al otro lado de la vida.

Stihlé sacó la fuerza de aquel que es líder sin vanagloriarse.  Fue torturado, le jalaron  las uñas y uno que otro diente.  El batallón estaba entrando en la etapa que la vida no tiene importancia.  El campo de prisioneros estaba regido por el comisario político, encargado de menguar los deseos de vivir de los presos, haciendo énfasis en la poca valía de los detenidos.   Con el padre Stihlé abrió un dialogo casi sordo, la diferencia entre el que quiere vivir y el que no quiere que viva.  El sacerdote veía cómo su gente estaba cada día más acostumbrada al trato de cautivos dispuestos a ceder en todo.

La fuerza de nuestro capellán emergió de la manera más simple.  Se dio cuenta que el grupo debía tener conciencia de su valor para blindarse de lo que experimentaba diariamente.  Los reunió y les propuso que cada día, a cierta hora, debían lavar la camisa que llevaban, la única quizás.  Aunque era insólita la propuesta, el batallón decidió seguir la orden y así todos los días, mientras permanecieron prisioneros, lograron lavar las emociones negativas para descubrir lo importante: el deseo de vivir.

A Albert Stihlé lo conocí en París cuando yo era estudiante.  Como he mencionado muchas veces, no soy religioso y menos de obediencia vaticana, pero sí tengo claridad en reconocer que dentro de la Iglesia han habido figuras excepcionales apartadas de la borrachera del poder y la gula de rellenarse de moral que no les cuadra.

Cuando tuve la necesidad de consultarle algo personal, con una simple mirada y una actitud de quien ha vivido, me desarmó.  Era alguien quien sin ser arrogante te mandaba un mensaje claro inicial.  “Si vienes a decirme pendejadas o a chillar de lo que te falta o no te falta, es mejor que no abras la boca”.   No servía como paño de lagrimas.  El padre Albert no solo daba consejos claros y precisos, sabía hacerte ver la realidad.  Esto era aplicable a algunos estudiantes que tuvimos la suerte de conocerlo y aun a ministros de estado del gobierno francés quienes solicitaban sus opiniones y consejos. 

No lo vi muchas veces, pero se creó una unión, un vínculo de respeto entre él y yo.  Admiré su poco miedo a las bobadas de la vida con las que el ser humano opta por agarrarse para dizque sentirse bien.  Un día hace mucho tiempo, supe que había muerto en Valence, un pueblo en la Provenza francesa.  Vivía en el campo con una familia, ya retirado de las exigencias cotidianas.  Dejó un espacio con recuerdos muy fuertes. 

Escribió un libro, en él relata su episodio en Indochina: El Padre y el Comisario.  Solo se encuentra en francés y si tengo suerte lo conseguiré en una librería de segunda mano pues cuando lo leí fue hace muchos años.

Un mensaje claro: Algún día a todos nos toca lavar la camisa para limpiarnos de la basura que permanente recibimos.

You Tube

Camboya es parte de lo que los franceses llamaron Indochina, junto con Vietnam del Sur y Laos.  En Camboya están las ruinas espectaculares de un templo monumental, Angkor Wat (el monumento religioso mas grande del mundo) y otros templos.  En cada toma del video aparecen personajes de otro mundo como Apsara, una bailarina celestial, el ejercito de simios, las diferentes figuras talladas en la piedra de sus paredes, llenas de símbolos y misterio.  Se trata de un viaje por un universo fantástico, de hace casi mil años que tuve la suerte de vivir.

Que tenga un domingo amable.

You Tube  https://youtu.be/AzOFS02c8JQ

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