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Nunca estuvo en Japón. Sobre este país se tenía un conocimiento limitado. El hombre fuerte de turno concedió en 1609 a los holandeses el privilegio de ser los únicos occidentales a los que se les permitía comerciar con el Imperio del Sol Naciente. Esta prerrogativa duró algo más de 200 años. Hacia 1853 todo cambió y esa nación se abrió al comercio con varios países que estaban listos para penetrar en un mundo poco conocido. Japón se convirtió en algo de moda. Sus costumbres y su visión del arte impactaron a una clase de artistas, entre ellos al gran pintor holandés Vincent van Gogh.
Para un lego en la materia como yo, las pinturas japonesas tienen unas características básicas, son simples y minimalistas. El pajarito lleno de colores en la rama de un árbol, un cerezo en flor, una escena en el campo, bellas mujeres ataviadas con coloridos kimonos. Expresiones que producen tranquilidad, la armonía entre la pintura y el artista. Fue este uno de los aspectos que a van Gogh le llegó más profundo. Quizás su naturaleza depresiva, y en muchos casos violenta por cuestión del alcohol, se tropezó con un arte donde la calma del ser es manifiesta y, como todo individuo con problemas emocionales, la paz que puede emanar de un paisaje le puede dar la visión de un mundo diferente, menos lleno de remolinos mentales, que conlleva al sosiego.
Como resultado, la pintura japonesa puso su marca en este gran artista holandés. Me atrevería a decir que los dioses y deidades en la vida japonesa le dieron un empujón. Entre otras, el sintoísmo y el budismo, cuyas enseñanzas albergan figuras y principios donde hay tranquilidad y paz, nada que ver con las religiones de Occidente.
Como todo artista motivado por la necesidad de afianzarse a sus percepciones interiores, Van Gogh decidió cambiar de paisaje de fondo, de escenario, a un lugar donde podía ver lo que sus sentidos capturaron durante su estadía en París, misma que le sirvió para reunir un sinnúmero de postales con motivos japoneses.
En su búsqueda de inspiración terminó en Arlés, una pequeña ciudad en la Provenza francesa. Allí encontró la luz brillante, los colores naturales fuertes y el detalle en cada planta, como lo hacían los artistas en Japón. Es muy posible que en Arlés se encontrara a gusto: un sitio donde vivir y con alguno que otro café que le permitió retratar a la dueña del establecimiento y a otras mujeres y, con su caballete en mano, salir en búsqueda de objetos y paisajes que pintar.
Para describir parte de la personalidad intensa del artista hay una anécdota. Cuentan que invitó a su amigo Gauguin para que vivieran juntos e intercambiar ideas sobre el futuro de la pintura. Como se sabe, en un arrebato de rabia se cortó una oreja. Ya con una venda en la cara se hizo un autorretrato que le regaló a Gauguin buscando la armonía entre artistas, como se acostumbraba en Japón. Si lo mira, verá que de fondo colocó una pintura oriental, aparentemente una de sus preferidas.
Para Japón el contacto con Holanda fue vital pues se les convirtió en la puerta de entrada de las nuevas tecnologías, la ciencia, la medicina y, sobra decir, los armamentos.
Pero este país asiático no podría ser representativo de un modelo de paz y armonía. Multitud de señores feudales mantuvieron a sus territorios en pie de guerra constante hasta que comenzó la era de los shogunatos que mantuvieron al emperador como una figura con poco poder y más bien decorativa.
Sin embargo, sus religiones, el sintoísmo y con el tiempo el budismo, en su ideal buscaban la armonía con la naturaleza. El arte del arreglo de flores (ikebana) es producto de ese mundo del sintoísmo, de ahí que su influencia no sea vista en forma clara para quien no conoce ese aspecto religioso.
Para resumir, la religión se practica desde la armonía entre los paisajes y plantas, con colores fuertes y motivos que se encuentran en la naturaleza. A lo que voy es que aun viviendo guerras violentas la cultura siguió manteniendo ese ideal.
La exposición que vi hace unos días, “Van Gogh & Japón”, tuvo lugar en el Museo Van Gogh, un edificio moderno, espectacular y con gran organización.
El YouTube muestra fotografías, algunas de nosotros, de obras donde se ve la influencia del arte japonés en ese prolífico pintor que fue Vincent van Gogh.
Que tenga un domingo amable.