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La procesión comenzó a las 9 pm.
Cada participante tenía una velita prendida y adelante varios voluntarios llevaban una estatua de la Virgen. Veías gran devoción en esas caras que buscaban la esperanza, el consuelo, la fe. Un tumulto que merecía todos mis respetos. Parte incontable de feligreses católicos, gente de bien, haciendo el esfuerzo de peregrinos para orar cerca a la Virgen de Lourdes en búsqueda de soluciones espirituales y físicas
Pero hasta ahí llegamos. No somos seguidores ni miembros de ninguna congregación religiosa pero reconozco el gran valor de mucho católico que he conocido. De esas caras que acabo de citar –ver You Tube- que no solo existen en la procesión, muchas han sido víctimas de aquellos curas que se levantaron la sotana para lastimar. Por cientos de años la impunidad y el poder habitaron en toda clase de jerarquías eclesiásticas. Los delitos por el uso impropio de la sotana fueron enterrados por la justicia vaticana que hizo propia la causa de los castigos a medias. ¿Cuántos fueron los casos en que se aplicó como condena el cambio de parroquia como si eso fuera “hacer justicia”?
Reconozco que circunstancialmente pasé por Lourdes, sin quererlo. Una ciudad con 13,000 habitantes que recibe por año, de enero a octubre, ocho millones de peregrinos. Algo espectacular. Con agua que brota de la gruta donde apareció la Virgen. Agua para creyentes que hacen fila para llenar botellas, litros y galones del líquido que para ellos es la eventual curación de mucho mal que los aqueja.
Pero mantengámonos en la línea del tiempo, en lo racional, para entender el poder de la Iglesia. El emperador Constantino, hacia el 300 después de Cristo, decretó que la religión católica debía ser adoptada por el Imperio Romano de Oriente que gobernaba. A partir de ese momento las jerarquías católicas saborearon el poder y comprendieron para qu[e podría ser útil. El discurso incluyente del Nazareno dejó de tener vigencia. Las sotanas raídas por la austeridad y el trabajo de campo pastoral pasaron a ser historia. Se desgastó aquel discurso cuyo contenido arropaba a todo ser humano sin importar creencias, ni chequera, ni ideologías, ni vida personal cualquiera que fuera o hubiera sido. La Iglesia se comenzó a expandir a través de estrategias de poder y no de humildad y ejemplo. Esto dio vía libre a pensar que todo lo que los altos prelados consideraban propio en bien de la Iglesia era permitido. La institución de la Inquisición fue una de ellas. En términos contemporáneos, por citar un ejemplo, el famoso cura Maciel –fundador de los Legionarios de Cristo- recibió todo tipo permisos y prebendas espirituales pues representaba a un ejército de hombres jóvenes con código de cómo vestirse bien, seguramente muchos de ellos de muy buena fe participaron en el cuento raro del cura Maciel.
Quedan como siempre los prelados con los pies en la tierra. Me acuerdo haber leído sobre un alto jerarca brasilero a quien Roma ascendió de cargo pero que se negó a asistir a toda la pompa organizada que implicaba una botadura de dinero innecesaria. O sea, la Iglesia también cuenta con mentes reales que no necesitan chofer para subsistir.
Finalmente es necesario reconocer que Francisco tiene una tarea que quizás no va a lograr en vida: enderezar a una Iglesia podrida. Cuando estaba muy chiquito oí que el Papa era infalible cuando emitía conceptos sobre la Iglesia. Con el sínodo de la familia, descubre uno que los curas, obispos o lo que sea, discuten, alegan, le echan vainas a las opiniones del Papa, escriben cartas como parte de un sector que no está de acuerdo, otros hacen declaraciones en la prensa criticando ideas de si los divorciados pueden comulgar, tema cavernícola pero que alguno de estos curas sale a la palestra a contradecir las intenciones del Papa, con una recua de dinosaurios dormidos.
El You Tube, muestra esas caras amables, llenas de fe y cantos, de la procesión a la que asistí hace pocos días. https://youtu.be/PVb4oWaY9pk
Que tenga un domingo amable.