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La sabiduría natural de una vieja sabia

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Por ella aprendí que los seres humanos nos quejamos de todo y somos especialistas en vernos el ombligo 24 horas. Una persona que nunca fumó, padecía un enfisema pulmonar terminal y luchaba a diario por respirar.

Ancianita sabia, cada vez que hablaba dejaba una estela de conocimiento. Nuestras charlas siempre eran muy divertidas.

La llamaba desde Holanda al sitio donde ella vivía cerca al mar en Miami.

-Bueno ¿Cómo estás?

-Viva.

Y se moría de la risa con su respuesta. Pero en el fondo era una enseñanza. Agradecer el don de vivir. Era la energía de quien estaba consciente del milagro diario.

Me enseñó que vivir era vivir, que las preocupaciones serían parte de la vida, que la fórmula de la felicidad no existe, que los bienes materiales se pueden romper todos los días, pero la actitud no.

Un día supe que algunos de sus nietos muy pequeños, cuando la visitaban, se tomaban el apartamento por asalto, como un sitio donde lo único que aplicaba era prohibido prohibir y le comenté que sería bueno que los controlara.

– Mira, oye bien –era muy directa—. Yo no estoy para educar a nadie. Además quienes deben educar a mis nietos son sus papás y no yo –respuestas como balas.

Adoraba darle de comer pan a las gaviotas cuando salía a caminar por la playa. Un día me dijo, cuando pasé a visitarla.

– Quiero que me tomes una foto con las gaviotas.

Llevé la cámara y el video. Luego le mostré las tomas. La verdad parecía una viejita chuchumeca con gaviotas a los lados

Cuando vio el video me dijo:

-Enrique, nunca en tu vida me vuelvas a tomar un video y menos con gaviotas.

Era real. No se engañaba, quizás muy dura consigo misma.

En la política era seguidora de Clinton. Le parecía un tipo muy inteligente y apuesto. Siempre añadía: “La vida privada es de cada cual y tenemos que respetarla”.

Decía: “Tomar la vida como si la mereciéramos es un error. Agradecer desde que te levantas hasta que te acuestas, aun los mínimos detalles, es una forma de entender que estás vivo”.

Con la religión tenía una posición muy clara. Me contó que cuando unos de sus hijos pequeños, un domingo a las 7 de la noche se le acercó para confesarle que no había ido a misa sino que se había enredado en un partido de fútbol con sus compañeros de la cuadra, que según el cura del colegio era un pecado mortal y si se moría iría derecho al infierno. Le respondió:

– Ven para acá. Tú no te vas a ir a ningún infierno y como mamá yo te perdono. Pero cuando te digo que vayas a misa me debes obedecer, ¿está claro?

Hace unos pocos días caminaba cerca de un canal rodeado de árboles, sauces llorones, un paisaje que me daba mucha tranquilidad. A un lado un molino vestido con la bandera holandesa moviendo sus enormes aspas mostrando su relación perpetua con el viento. Un matrimonio indisoluble. Se me vino a la cabeza que aun desde tierras lejanas al sitio donde nací y que me han tratado bien, con circunstancias simples y llenas de naturaleza, sentí que la vieja sabia nunca se había ido, que nunca me había abandonado, por eso podía ver y admirar todo lo que me enseñó. No se trata de honrar el día de la madre, costumbre romana o anterior, sino ese legado emocional positivo que siempre llevaremos en nuestro corazón.

Hice un YouTube, algo de lo que hemos querido decir: https://youtu.be/m6AdEB8wTQ8

Que tengan un domingo amable de Día de la Madre.

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