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Historia real.
Eran casi las tres de la mañana. Vivimos en un tercer piso y mi vecino Hans nos tocó a la puerta con la cara descompuesta. Su esposa, una mujer relativamente joven y bien conservada, perdió el conocimiento y se resbaló por las escaleras del apartamento dúplex.
Inmediatamente medio nos vestimos con mi señora y llegamos donde estaba Bernardette tirada en el suelo, con un raspón en la cabeza y un brazo muy maltrecho. Cinco minutos por reloj y llegaron los paramédicos respondiendo a la llamada de Hans. Unos tipos grandes con sus equipos y una camilla. El jefe atendió inmediatamente a la mujer, verificó heridas. El medidor de la presión arterial indicó 60-30. Con cierta angustia nos miró:
“Tenemos que llevarla al hospital de inmediato, pero no podemos bajarla en camilla, ya viene una solución” – miró al esposo para tranquilizarlo.
Otros 5 minutos y un inmenso carro de bomberos se situó al frente del edificio. Dos bomberos montados en una escalera mecánica con una camilla adaptada a la escalera aparecieron en la ventana del tercer piso por donde la vecina iba a ser bajada para ponerla en la ambulancia, lista a emprender el recorrido al hospital más cercano a punta de sirena.
La operación de colocar el cuerpo casi inerme en la escalera con los dos bomberos responsables de acomodarla en la camilla. Esto me dio qué pensar para mis adentros. Donde un tipo de estos haga un movimiento en falso, nuestra vecina se va de cabeza 9 metros abajo y pare de contar. El equipo daba seguridad, se notaba que lo han habían hecho muchas veces. Abajo, la calle cerrada con todas las de la ley. Un carro de policía lleno de luces se colocó atrás del inmenso carro de bomberos y otro adelante, para controlar el tráfico.
Nos fuimos con Bernardette en la ambulancia: aplicación de rutinas básicas para este tipo de situaciones, oxígeno y el resto. Pero la angustia de los tres, de que si no se le daba una atención inmediata tendríamos a alguien sin vida, nos producía miedo físico.
Con pericia y a toda velocidad llegamos al hospital. De forma inmediata, sin preguntar ni pedir nada más que su nombre (ni tarjeta de crédito) la ingresaron en urgencias. La atención profesional prosiguió: había necesidad de estabilizar la presión arterial, observar si tendría alguna conmoción cerebral y luego verificar si el brazo derecho estaba roto. Normalizados los signos vitales, fue llevada de inmediato al scanner para constatar que no hubiera ninguna lesión cerebral, luego paso a rayos X , donde no se encontró problemas en el brazo salvo músculos maltrechos. Había pasado una hora desde su caída.
Bernardette abrió los ojos asustada, ya estaba en el cuarto de recuperación. Tres caras la observaban. Esbozó una tímida sonrisa. Los calmantes comenzaron a hacer efecto y se fue quedando dormida.
Como nos dijo el doctor: llegaron a tiempo, pero una demora adicional y no estarían ustedes aquí. Se pensó en principio que era un infarto, pero no fue así. Hoy todo está bajo control. Tendrá que someterse a una serie de exámenes para saber realmente qué ocurrió, pero ahora pueden estar tranquilos.
Se acababa de salvar una vida gracias a un equipo que da un servicio a la comunidad sin discriminación de nivel económico u origen. Por eso paga uno impuestos en este pequeño gran país. Como lo he comentado varias veces, un nivel de vida alto no es tener metro o grandes infraestructuras, sino ofrecerles a los ciudadanos que los servicios básicos sean eficientes para que todos podamos tener una vida mejor.
Que tenga un domingo amable. El You Tube muestra los momentos dramáticos de la situación y luego las casonas del canal del Rapenburg, uno de los mas bellos de Holanda donde ocurrió este hecho en la vida real. Primero fotos de los momentos mas dramáticos y luego la calma en el canal.
Que tenga un domingo amable.