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Había trabajado toda la semana como una mula. Las temperaturas estaban por el nivel de los 30 grados, algo difícil de manejar en Holanda, es demasiado. Mi pareja observó el mini ventilador que tenía para estos casos y me hizo cara de “¿Me quieres matar derritiéndome o lo que te interesa es verme ligerita de ropa?”
El calor me trasladó a la ciudad de Hampi en la India profunda. Una pequeña ciudad abarrotada de monumentos históricos. Llegamos con nuestro tuc-tuc manejado por Ramesh. Para quienes no lo sepan, un tuc-tuc es una moto de tres ruedas, que en la parte de atrás lleva una especie de carrocería donde caben dos o tres personas –ver You Tube- que Ramesh manejaba con una habilidad increíble. Antes de seguir adelante debo añadir que India me encanta. Un país de extremos y como dicen: la primera vez que se visita uno sabe si volverá siempre o nunca.
Pero sigamos. Llegamos a un templo y nuestro conductor se encargó de explicarnos con todo detalle su arquitectura–ver You tube-. Lo particular y digno de despertar la curiosidad de cualquier ser humano es que cuando se golpean los pilares emiten sonidos como cualquier instrumento musical. Algo así como una marimba. Con sus acordes los expertos acompañaban actos ceremoniales, como matrimonios. El templo tiene aproximadamente 600 años. Cuando volvimos al tuc-tuc descubrimos que unos micos muy inteligentes habían pasado por ahí y se habían robado nuestras botellitas de agua.
Dejé de parpadear cuando Ramesh nos llevó a un establo. Generalmente mi ignorancia sufre cuando descubro que lo “verdadero” no es verdadero: para mí un establo es para vacas y caballos. Pero ¿para elefantes? Mi imaginación abandonó la arrogancia. Pues sí. Algún majará construyó uno para la manada de elefantes que tenía.
La ignorancia iba de mal en peor cuando en nuestro tuc-tuc llegamos a un sitio donde había un palacio con aire acondicionado, el Lotus Mahal de más de 600 años de antigüedad, que el rey le construyó a su querida esposa. Las paredes tienen ductos por donde pasa agua fría que permiten tener temperaturas frescas en estas épocas de verano.
Y el pudor, finalmente: la desnudez de la esposa amada, la reina. Para eso había una piscina especial donde se acompañaba del resto de su séquito y quienes cuidaban el lugar, durante el baño eran mujeres soldados. Estamos hablando de hace 600 años. Sin embargo la costumbre de compartir el pudor de la pareja sigue siendo entre dos. Esta región de India une el pasado con el pasado.
En el presente la comida, la generosidad de su gente, las necesidades diarias donde todo el mundo trata de ayudarse, son una experiencia para los quejumbrosos.
Que tenga un domingo amable.
Enrique Aparicio Smith – julio 2015