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Hablemos un poco de dónde estaba: Madrid, para un trabajo que me exigía ciertas horas de concentración nada fácil. Llegué al aeropuerto de Barajas después de un vuelo relativamente corto entre Ámsterdam y Madrid. El barullo español se hacía sentir de inmediato. El cambio entre el norte de Europa y la vibración mediterránea, donde la buena comida y las discusiones locales, es decir, la política, eran inyectadas sin compasión.
Como algo imprevisto, me encontré con el trabajo de Joaquín Sorolla, un enorme pintor con un pincel donde la elegancia de la mujer brotaba sin esfuerzo.
Tengo la enfermiza necesidad de disculparme cada vez que veo una obra de arte, un cuadro que me gusta. Comienzo por decirme que yo no sé nada de arte, pero que este o aquel cuadro me encanta, agotador ejercicio. Después de una flagelación mental intensa logré concentrarme en mis mujeres en blanco, título que inventé para este artículo –el YouTube es más específico–.
Algunas veces nos quejamos por situaciones sin importancia y dejamos que esos momentos corten la gran fuerza y el milagro de vivir –el eventual lector me excusará el tono filosófico–, pero en el caso de este pintor, da la impresión de no haber perdido un solo momento. Su dedicación y progresos fueron evidentes en el mundo de la pintura. Comenzando por el final, hay una casa-estudio-museo muy bien mantenido en el centro de Madrid donde pasó sus últimos años y pudo disfrutar en paz de sus logros y de su familia. A su esposa Clotilde, una mujer muy bella, le dijo alguna vez: “Me diste una familia que nunca tuve”.
A sus 57 años, una hemiplejía le impidió continuar su compromiso con su desarrollo personal y profesional, pero desde el jardín de su casa, llamado de la Intimidad, idea copiada de los jardines de la Alhambra, dio los pasos para entregarse a otra dimensión.
Ahora sí, comencemos por los dos cuadros que a mí más me gustaron: dos desnudos muy elegantes y sensuales. No fueron producto de modelos, sino de su propia esposa. No le gustaba que la gente supiera que era ella, pero Clotilde dedicó muchas horas a posar para su famoso marido. Sabía que de su trabajo salía la inspiración para sus grandes pinturas. El caso es que ese gran pintor español Joaquín Sorolla (1863-1923) es una muestra de delicadeza en sus composiciones donde la mujer y el blanco son muy especiales.
La luz y los colores suaves, amables y sin dudas, crean la sensualidad con clase que atrae. Hay un halo de respeto por un cuerpo, sin dejar fuera la fuerza sensual de la hembra.
Como algunos artistas famosos, el destino tiene su propia idea de nuestro verdadero camino por la vida. Beethoven fue torturado por la sordera; Renoir, por la artritis y Sorolla, por una hemiplejía, por nombrar algunos que vieron su actividad artística lastimada por situaciones que representan nuestra fragilidad como seres humanos.
Sorolla es de esos pintores que fueron famosos en vida. Fue reconocido como una artista de envergadura en Europa, pero también en los Estados Unidos, donde participó en diversas exhibiciones. Una parte importante de su obra fue un encargo de la Sociedad Hispánica de América (con sede en Nueva York), creada en 1904 por Archer Milton Huntington, un rico heredero cuyo padre hizo una fortuna inmensa en la construcción de los ferrocarriles en los Estados Unidos.
Pero Sorolla tenía una gran debilidad por el mar. Como buen valenciano, las figuras que se ven en la costa, el mar con sus olas blancas y azules, son quizás en su conjunto donde el artista se sentía más a gusto.
Finalmente, cualquier forma de arte tiene por fuerza que gustar al observador, emanar algún tipo de energía que sea percibida sin mayor dificultad. El rococó mental es signo de no haber entendido lo que se observa pues el arte en su forma más pura busca reproducir dónde se originó, es decir, la naturaleza.
Sorolla me produjo envidia de la buena, es decir, admiración. Madrid en la parte de los edificios de correos que son más bien monumentos de otra época sólo se me ocurrió pensar: “Deberíamos vivir como pensaba Sorolla”. Un gran hombre que entendió que la vida son solo oportunidades, pequeñas o grandes, y que somos nosotros los que decidimos si las aprovechamos o no, aunque para ello debamos comprometernos desde un principio, porque después será muy difícil.
El YouTube muestra algunos cuadros de Sorolla y el jardín, donde se puede sentir que el pintor todavía está vivo.
Que tenga un domingo amable.