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Hace años la teoría económica, con un análisis muy claro según parece de profunda reflexión, nos enseñaba que la economía andaba regular porque los gringos no pagaban precios justos por el café.
El tema se puede ilustrar en una mejor forma con otro cuento de esa época.
Llega a su casa el marido, de filiación conservadora, y encuentra a la mujer haciendo el amor con otro. Acto seguido saca un revolver y mata al tipo. La misma escena pero con marido de filiación liberal: se pone a conversar con el reemplazo temporal, hablan, filosofan, comentan sobre la libertad de expresarse, de compartir esto y lo otro, no hay que ser egoístas, todo el mundo tiene su corazoncito. Misma escena, pero nuestro hombre es socialista: sale corriendo a echarle piedra a la embajada americana.
Pero antes de seguir démosle un poco más de contexto a esta nota. Debido a mis actividades viajo mucho. En cada esquina, ya sea en un aeropuerto, en las ciudades, en los hoteles, se me atraviesan locales de “Starbucks”, la famosa cadena de venta de café gringa. La pregunta tímida que le suelta uno a los sabios es: ¿cómo una empresa ha podido convertirse en semejante emporio, cuando en Colombia no hemos hecho nada produciendo el mejor café del mundo? Los que saben me han dado algunas explicaciones que me permiten concluir humildemente que hemos sido incapaces de construir algo en el exterior para vender café al consumidor final. Punto. No hay más cuento raro. Hace muchos años compraron o arrendaron un local inmenso en la avenida de los Campos Elíseos en París. Una mole que bautizaron con el título de “Café de Colombia” o algo así para demostrar, supongo, nuestra agresividad de ventas en el extranjero.
Aceptemos, el gran capital y los políticos han doblegado pueblos y naciones y torcidos pescuezos inocentes, pero eso no es disculpa. ¿Por qué con ese gran producto que es nuestro café, no pudimos organizarnos para tener una empresa que, en forma eficiente, lo comercializara a nivel internacional?
Disculpitas, las hay todas. Una de las más utilizadas: nos enfrentaríamos a las muy poderosas tostadoras americanas y europeas, que hundirían el producto donde llegara directo a los súper mercados, tiendas y establecimientos.
Miremos otra experiencia. Holanda, un país con el tamaño de Cundinamarca, que se ha visto obligado a desecar pantanos y desviar ríos para sobrevivir. Utilicemos el eufemismo de decir “le han ganado la pelea al mar”. Pero la verdad no fue dotada de buen tiempo. Con la llegada del otoño, los días comienzan a ser bastante fríos y más cortos, con los efectos consiguientes en todo tipo de producción.
Si uno sólo se imagina a los holandeses de suecos, vendiendo queso, flores y hortalizas, está muy equivocado. Mucho ojo:
– Tienen el puerto de Róterdam, el más grande de Europa y número 11 en el mundo.
– Son el segundo exportador más grande en Europa después de Alemania.
– Exportaciones de flores: ya conocemos todos el cuento.
– Schiphol, el aeropuerto cerca de Ámsterdam, es el tercero más grande de Europa, con un movimiento de pasajeros que va para los 80 millones anuales o más.
– Son dueños o parte dueños, de grandes multinacionales como Shell, obvio Philips, Unilever y Akzo Nobel.
– Son líderes mundiales en el transporte multimodal.
Y podemos seguir enumerando. No me vengan con cuentos que esta gente lo tuvo todo, más bien nada. Y mírelos con una de las economías más fuertes y un estándar de vida que como diría una colombiana muy trabajadora que se trajo hasta el perro: “aquí uno se puede morir de viejo”.
Sinceramente no encuentro respuestas claras. Razones hay muchas pero ¿no será la falta de visión de nuestros negociadores en cualquier campo, con excepciones muy loables, que dejamos pasar oportunidades y nos quedamos en el complejo de inferioridad, que somos chiquitos, que somos pobres, que no tenemos esto y lo otro?
La revolución holandesa no se hizo a bala, sino mediante una comunidad que le quedo claro que no habría desarrollo sí mientras uno comía, el vecino se moría de hambre. “O todos en la cama o todos en el suelo.” Hoy el estándar de vida, uno de los más altos del mundo, no se logró por la riqueza sino porque los servicios básicos como el transporte público, educación y salud funcionan.
Queriendo mucho a mi país la verdad es que hay cosas que uno sigue sin entender. Tenemos dos mil kilómetros de costa sin una sólida marina mercante. Colombia, 20 veces más grande que Holanda, llena de preciosas tierras y paisajes, pero… nos falta aprender a negociar bien a nivel nacional e internacional.