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Europa está saliendo de su letargo veraniego en el que primaron dos tipos de pensamientos: los olímpicos y los de playa-sol-y-palmera.
Los temas triviales fueron como el analgésico para lo que se viene cuando se acaban las vacaciones.
En el venerable “The Sunday Times” de Londres, apareció hace tiempo, en primera página, un artículo con la siguiente información:
“¿Por qué el sexo pone a dormir a los hombres?
Es la excusa que los hombres han buscado. Los científicos encontraron que los hombres simplemente no pueden evitar caer dormidos después del sexo porque su cerebro está diseñado para ‘apagarse’.”
Vamos bien. ¿OK? Seguimos.
“Los científicos han usado técnicas de escáner para estudiar el cerebro del hombre durante y después del orgasmo. Observaron que durante el orgasmo el córtex, o sea la parte pensante, se ‘apagaba’…
Serge Stolerú, un científico del gobierno francés, dice que estos experimentos nos dan los primeros indicios de lo que pasa en el cerebro durante el orgasmo (¡lean bien! súper importante). Para las mujeres, según parece, no existe esa reacción momentánea (la de ‘apagarse’) y quizás quieren más.”
Me imagino la escena donde al tipo, después del tiqui-tiqui, le comienza un ataque irreprimible de bostezos y la pareja, haciendo pucheros, le dice: “yo quiere más de eso…” Bueno, en fin.
***
El Museo de las Relaciones Rotas
Seguramente muchos de ustedes han experimentado lo que es que se rompa una relación, ya sea un noviazgo o un matrimonio que acaba en divorcio con todo el show completo. De todo esto quedan cenizas con energía negativa que disparan reacciones de rabia o angustia.
Por ejemplo, al pasar por enfrente al restaurante donde se dijo el último adiós, el definitivo. Esa noche el mesero que siempre los atendía, terminada la comida, evitó que la discusión culminara a silletazo limpio. O la esquina donde se parqueaba el automóvil para ahogar los alaridos e insultos que se asemejaban a una congregación de orangutanes en plena selva, lógico, los orangutanes con mejores maneras. O el famoso 20 de noviembre donde Pablito cumplía años y el futuro ex, de miserable, decidió largarse para marcar día y hora y dejar huella indeleble en la familia.
Bueno, ahora las buenas noticias. Existe el museo de “Las Relaciones Rotas” (“Broken Relationships”) en Zagreb (Croacia), único en su especie, con objetos que son la referencia, los gatillos que disparan una gran emocionalidad. Por ejemplo el hacha que donó una señora, con la que hizo trizas los muebles de la ex compañera, etc.
Como dice Natxo Medina, quien escribió un artículo sobre este museo:
“Y así hasta completar una colección hecha de fracasos y alegrías, de rabia, mentiras y buenos recuerdos. Una colección como la vida misma y a la que, además, cualquiera puede hacer su aportación. Sólo cuéntales tu historia. No seas tímido, todos tenemos una. Y en este peculiar museo lo saben mejor que nadie.”
Muchas de la relaciones nacen rotas aunque no nos damos cuenta o mejor no queremos darnos cuenta. Inventamos todo tipo de disculpas para no ver la realidad. Los ideales iniciales vistos en el otro empiezan a desvanecerse pronto. A veces con sutilezas como la aburrición que produce el estar juntos.
En otros casos, las ganas de no llegar a casa. Preferible el trabajo de 24 horas diarias. Y así una serie de actitudes que dan lugar a relaciones prolongadas y agónicas, “hasta que la muerte los separe”. Tema que afortunadamente ya cada día es menos creíble. Uno no sabe cuanta pareja con la comunicación totalmente chueca puede estar pensando en la felicidad de ver al cónyuge bien acomodadito en el más allá.
Me acuerdo de una pareja de la tercera edad, que se notaba económicamente pudiente, en un vuelo de Bogotá a Miami, peleándose por quien ponía el brazo en el descanso de la silla. O sea: ya viejos, con plata, agarrándose de cualquier motivo para inventarse una garrotera.
Los pretextos para prolongar relaciones malas no sólo son idea de la Iglesia, también están los temas como: “lo hice por los niños”, “lo hice por la familia”, lo hice por esto o por lo otro. La verdad todo este supuesto esfuerzo cubre otras realidades, otros temores: la eventual soledad, la plata, la inseguridad y el resto de miedos con que vivimos.
En cuanto a relaciones humanas estamos muy “biches” a cualquier edad. Hace tiempo oí una frase que me gustó mucho:
“Cuando te digan que te van a querer para siempre, contesta: basta con que me quieras hoy.”
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Que tenga un domingo amable.