Un alumno agradecido

Enrique Aparicio
04 de agosto de 2018 – 11:40 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Madrid hervía. Con mi compañera pensamos que, así el sol nos derritiera, la llegada al museo era muy importante.

Había, para complicar las cosas, una huelga de taxis en todo su furor. Y lo peor, una línea importante del metro estaba cerrada por obras.

Para ponerlo poéticamente: 35 grados de sol iluminaban nuestro entorno existencial de sueños españoles e historia.

Nos atraía conocer los inicios como artista del pintor Claude Monet (1840-1926). Para ello una escala en el museo Thyssen-Bornemisza era esencial porque había una exposición temporal sobre él. Sus trabajos van por el camino de la escuela impresionista, es decir, aquellos artistas que, caballete en mano, desarrollaban buena parte de sus obras al aire libre.

Más que un estudioso de la pintura, Monet nació con el don de este arte que lo acompañó toda la vida. Comenzó a los 16 años. Su profesor en esos primeros años fue Eugène Boudin. Un apellido curioso, pues en francés boudin quiere decir morcilla. O sea, el artista Eugenio Morcilla fue el profesor que lo inició en el paisajismo y en las artes de la pintura al aire libre, en el gusto por los paisajes de mar, las marinas y los barcos en la playa o en los muelles. Ambos fueron asiduos visitantes de un pueblo de pescadores cerca a Le Havre, que hace mucho tuve el gusto de conocer, Honfleur, donde había nacido Boudin.

En su vida personal, Monet provenía de una familia acomodada que no estaba muy acuerdo con sus actividades, pero finalmente, a regañadientes, lo apoyó. Muestra de ello fue que para escapar del servicio militar, donde sería destinado a Marruecos, tenía que pagar 2.500 francos, mucho dinero en esa época. Pero como en el mundo de las circunstancias nada está escrito, por coincidencia Claude enfermó seriamente y fue eximido del servicio. Sin embargo, como muestra de cercanía a su hijo, le entregaron los 2.500 francos a él para que pudiera continuar pintando.

Camille Doncieux fue su modelo y amante. La familia de Monet no aprobaba esa relación, por lo que dejaron de pasarle dinero. Fue por ello por lo que Camille dio a luz a su primer hijo, Jean Monet, en París, en condiciones muy pobres. Tres años después se casaron y, gracias a la dote que recibió ella, pudieron vivir holgadamente un tiempo.

En la vida artística Monet aventajó a su profesor pues fue más arriesgado, exploró diferentes formas de pintar y dibujar la luz, además de manejar la idea del movimiento. En suma, la curiosidad insondable de Monet lo llevó a trabajar paisajes en una forma más creativa. Por ejemplo, cuando en Francia se impuso el desarrollo del ferrocarril, Monet consiguió un permiso de pintar dentro de la estación. El famoso escritor Guy de Maupassant hablaba de que Monet era un cazador, un artista a quien todo le llamaba la atención. Monet, leal a su profesor Boudin, declaró que todo lo que sabía se lo debía a él.

Monet refleja en sus cuadros una armonía que descansa al que los observa. Un genio con su propia visión de su entorno. Curioso. Los motivos de sus pinturas los hallaba en la playa, en el campo. Luchó con la luz para reflejar sus expresiones y buscar la “verdad” de su experiencia sensorial. Se hizo construir una pequeña casa bote para pintar desde allí en un lago cerca de su casa. Al contrario de muchos artistas que no alcanzan a conocer la fama, como Van Gogh que vendió un solo cuadro en vida, Monet consiguió fama y dinero. Al principio pasó momentos muy difíciles, pero no perdió el norte de su propósito.

La exposición en el museo Thyssen nos llevó a redescubrir trabajos de gran finura, donde se puede ver, en sus colores y temas, el deseo de Monet de amar la vida en toda su extensión.

El tiempo es como la memoria que se halla omnipresente en nosotros. Volver a la comida española, con todos sus sabores, aceites, fritos y, obvio, el Rioja, nos dio lo que faltaba en este viaje.

A un lado, por el momento, quedó la austeridad de la comida del norte de Europa con sus jamones, cerveza Heineken y papas a la francesa. Madrid estaba mostrando una de sus buenas caras, aun con todo lo que estaba pasando en el transporte. Mientras los españoles están cumplimiento con su sagrado rito de dirigirse a la meca de las playas con familia e hijos, en la ciudad solo quedábamos los transeúntes solitarios de otras nacionalidades. Mi compañera y amante había reservado el momento de la cena para hacer un paréntesis y darle un puesto en nuestra mente a esta experiencia.

En el YouTube se ven algunas de las obras de ambos artistas. Primero las del maestro, luego las del alumno.

https://youtu.be/r61oMFOznrk

Que tenga un domingo amable.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido