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El tren comenzó a desarrollar velocidad. Empecé a preguntarme qué carajo hacía en el tren, al medio día, con un presagio de lluvia anunciado por los nubarrones que nos acompañaban como compitiendo con el del medio de transporte. La memoria se fue despertando. Una amiga suiza había organizado una visita a la nueva línea de metro de Ámsterdam, que se unirá con la red existente haciendo uso de las últimas tecnologías. Tenía tanto que hacer en mi oficina, a 50 kilómetros de distancia, que cuando me repetí la razón de mi viaje encontré una buena razón para justificarlo.
Entremos en materia. La capital de Holanda tiene barrios construidos hace siglos que aún subsisten, asimismo construcciones que pueden llegar a los 700 años. El punto está en que para levantar estas edificaciones se utilizaron pilotes de madera de entre 10 y 20 metros de profundidad que todavía conservan sus propiedades y siguen como parte de los cimientos del centro de la ciudad ya que nunca han salido del suelo de arcilla, arena y turba. Con los trabajos para el nuevo metro, las perforadoras subterráneas llegaron a una zona donde empezaron a succionar la arena en que estaban esos pilotes y así inició el calvario: las casas comenzaron a hundirse, por lo que tuvieron que parar los trabajos para arreglar primero este problema. El otro obstáculo fue que la tierra por donde se hizo el túnel es como barro, muy difícil de trabajar por las perforadoras gigantes. En la construcción y ensamblaje se utilizaron equipos de Francia y Alemania coordinados por holandeses.
Para apreciar con lujo de detalles esta nueva línea que se inaugurará el 22 de julio, un representante del metro y otro de la alcaldía de Ámsterdam fueron nuestros guías. El YouTube muestra unos clips tomados por mí, donde se puede apreciar, entre otras cosas, las escaleras de 23 metros de profundidad que se usan en una de las estaciones. Los vagones tienen siempre 160 metros de largo. Esto no cambiará, aunque el número de pasajeros varíe, por ejemplo, en las horas pico. Calculan que esta línea transportará 120 mil pasajeros al día.
Es claro el propósito de este medio de transporte público: el beneficio para el ciudadano de a pie, rico y pobre, que lo usará. Limpio y eficiente, será mantenido con esmero (al igual que se hace con las otras cuatro líneas de metro que ya están en funcionamiento, la primera de las cuales se inauguró en 1977).
Nuevamente, como he comentado algunas veces, el signo del desarrollo de un país se nota en las facilidades para el trabajador. Los que tienen que levantarse a horas muy tempranas de la mañana a moler duro y parejo se encuentran con un medio adecuado que favorece al que paga impuestos, al que tiene que reunir hasta el último centavo a final de mes para pagar hipoteca, seguros de salud y el resto. La buena noticia es que confían en el sistema de transporte público para moverse a cualquier hora del día o de la noche; solos, con amigos o la familia; para ir al trabajo o para pasear un domingo visitando un parque o el zoológico.
Con la nueva línea de metro, Ámsterdam se cruzará de norte a sur en apenas 15 minutos, comparados con los 35 que se necesitan actualmente. Esto, además, redundará en menos tráfico en la ciudad y menos contaminación. En otras palabras, en mejor calidad de vida para todos.
En otros países, esta meta de beneficiar a la población, especialmente la de bajos recursos, se ve obstaculizada por el gusano de la política, que en algunos casos no ha permitido utilizar los recursos para algo que la ciudad requiere o pide a gritos. Finalmente, el paganini es el de a pie.
¿Será que Bogotá en algún momento contará con un sistema de transporte colectivo tipo tren metropolitano, popularmente conocido como metro? Falta hace.
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Que tenga un domingo amable.