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La súbita reacción del presidente Santos a raíz de su caída en las encuestas, anunciando que va a donar 100 mil casas a los pobres –tema nunca mencionado en su campaña ni en 20 meses de gobierno- dejó una sensación de populismo muy preocupante por el grave daño que eso puede causar.
Y no puede ser creíble el anuncio cuando su “locomotora” de vivienda aún no ha salido de la primera estación. Prometió un millón de viviendas y no ha comenzado; porque a pesar de su afirmación de haber entregado 268 mil casas, el documento “Avances estratégicos y metas” del propio gobierno, dice que a diciembre de 2011 solo habían construido 3.349 viviendas, entre ellas las 400 del Grupo Sarmiento en Soacha y las que venían del gobierno anterior. Sin embargo, el gobierno tiene la oportunidad de confirmar su versión si publica la lista de beneficiarios de las viviendas entregadas. Una cosa es la aprobación de licencias y subsidios y otra, muy distinta, es construir casas. Hasta enero de 2011, habían expedido 160 mil licencias y otorgado 17 mil subsidios, que no son viviendas.
Ahora, si el gobierno ha mostrado negligencia e incapacidad después de 16 meses incumpliéndoles a los habitantes de Gramalote y Útica, por ejemplo, quienes siguen en la penuria, cómo pretende ahora persuadir a 100 mil familias pobres con semejante improvisación. Eso es “populismo barato”.
Y no tiene otro calificativo el acto engañoso de anunciar una gestión de gobierno que no se puede cumplir sin la existencia previa de una reforma constitucional y una ley reglamentaria, que no existen. Es grotesco, arrogante, y muestra evidente de una burda manipulación del poder legislativo, dar por aprobadas unas normas sin haberlas tramitado. Y requiere de Acto Legislativo porque la Constitución reza: “Ninguna de las ramas u órganos del poder público podrá decretar auxilios o donaciones en favor de personas naturales o jurídicas de derecho privado”. Es claro que si Santos quiere regalar casas tiene que modificar la Carta.
Y de llegarse a aprobar dichas reformas, cuyo trámite tardará por lo menos un año, el gobierno tendrá dos inconvenientes más: los recursos que no existen, y cómo seleccionar 100 mil beneficiarios entre 5 millones de familias aproximadamente. Porque el “ministro-candidato”, con sonora demagogia, asegura que van a donar casas a familias excluidas del sistema actual; a damnificados del invierno; a desplazados sin vivienda; y a familias, mujeres cabeza de hogar y personas mayores, del Sisbén 1.
Una cosa es ayudar a los pobres y otra, engañarlos. Es inaudito que el Presidente, quien se supone debe tener claras las dificultades e implicaciones de su promesa, persista en ella por afanes electoreros o de encuestas. A no ser que también tenga preconcebido el discurso culpando del inminente fracaso al Congreso o a la Corte Constitucional y, desde luego, a los que llama ‘idiotas útiles’.
Y de ser aprobadas las reformas para viabilizar la promesa de regalar 100 mil casas, además de legitimar el “populismo barato”, estaría causando un grave y costoso daño, porque se afectarían los derechos fundamentales de más de 4,9 millones de familias que hipotéticamente quedarían excluidas de la donación.
@emaciastovar