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“…CON DEDICACIÓN Y ESMERO, LAS Farc cuida de los prisioneros lo mejor que puede. A esa generosidad colectiva irradiada de su jefe natural, Manuel Marulanda, la oligarquía mafiosa responde con argucias y trampas premeditadas, haciendole (sic) el quite irresponsablemente a una figura universalmente reconocida, como es el intercambio de prisioneros”.
He ahí las primeras palabras de los terroristas de las Farc, luego de que se confirmara el magistral resultado de la Operación Camaleón. A pesar de haber visto a los liberados encadenados como si se tratara de fieras salvajes, los comunicadores de la guerrilla encabezaron la citada nota con el cínico título “La generosidad de las Farc”.
Muy generosos esos criminales que les arrebataron 12 años de libertad a esos oficiales de la Policía y al sargento de la Infantería de Marina. Con total desprendimiento, los mantuvieron atados a un árbol en medio de la manigua, exponiéndolos a todos los riesgos, alimentándolos mal y obligándolos a dormir sobre la húmeda pradera como si de animales se tratara.
Las Farc están perdidas. Nuestras fuerzas militares tienen a la guerrilla irremediablemente arrinconada y sus miembros no tienen camino distinto que el de la desmovilización.
El próximo domingo, cerca del 70% de los electores le daremos un voto de confianza a la reelección de la seguridad democrática en cabeza de Juan Manuel Santos, y entonces la guerrilla quedará notificada de que nuestros soldados y policías no van a aflojar en el cumplimiento de su deber. La decisión política de acabar con el terrorismo alimentado por el dinero maldito del narcotráfico continuará vigente y así las cosas, aquellos criminales que hoy viven en lo más profundo de la manigua colombiana estarán obligados a entregar sus armas y reincorporarse a la vida civilizada.
Los vilipendios, las injusticias y el tratamiento ignominioso de que son objeto nuestros soldados no han sido óbice para que sigan colmándonos de alegría. A pesar de los pesares, los militares colombianos siguen demostrándonos día tras día su alto nivel de preparación y heroicidad.
La guerrilla intentará demostrar que su capacidad ofensiva sigue intacta, cometiendo un sinnúmero de acciones demenciales, que confirmarán su barbárica condición terrorista.
Pero están en un punto de no retorno. Las operaciones Fénix, Jaque y Camaleón han sido prueba de que la guerrilla es vulnerable, razón por la que los militares y policías pueden entrar hasta el campamento más custodiado y dar el golpe que se les venga en gana. Sólo es cuestión de paciencia.
Difícilmente las voces de quienes reclaman un intercambio de secuestrados por terroristas condenados hallarán eco en el próximo gobierno. Aquellos soldados y policías que aún continúan en poder de la guerrilla, tarde o temprano, serán rescatados por la Fuerza Pública, si es que sus raptores no los dejan en libertad antes de que un comando del Ejército vuelva a metérseles hasta la cama y se les lleve el “tesoro” que cuidan, según ellos, con tanta generosidad.
Ni generosos ni valientes. Basta citar el testimonio del sargento Delgado, quien narró cómo los “valientes” guerrilleros salieron despavoridos cuando empezó el ataque del Ejército. En calzoncillos y sin sus armas se dieron a la fuga, buscando escondedero de a peso en la tupida selva. Linda muestra de heroicidad ha dado la guerrilla: sus hombres son valientes con los secuestrados a quienes encadenan y golpean, pero cuando se trata de combatir, salen en desbandada.