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Coalición por Bogotá

Ernesto Yamhure
05 de enero de 2011 – 09:25 p. m.

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FALTAN MENOS DE 360 DÍAS PARA que Samuel Moreno se vaya y deje de hacer daños y maldades. Claro que el número de días se puede reducir dramáticamente si la Procuraduría encuentra méritos para suspenderlo.

Esperemos que Bogotá haya entendido la lección que dejaron las dos nefastas alcaldías del Polo Democrático, partido que sedujo a los electores con una infinita dosis de populismo.

Nuestra ciudad dejó de ser una protagonista en materia de desarrollo. Hoy, no es más que un amasijo de desgobierno, corrupción, sinvergüencería y anarquía. Quienes deben ejercer control están más enredados que los propios investigados. Desde el día uno en el cargo, el personero Rojas Birry ha sido hostigado por las acusaciones.

El contralor Moralesrussi, a pesar de las asesorías que ha contratado para “posicionar su imagen”, tendrá que dedicarse a explicar los alcances y temas tratados en las múltiples reuniones que, según los avivatos Nule, él sostuvo con ellos.

En medio de ese ambiente donde impera el zafarrancho, el Alcalde ha querido tramar una vez más a los bogotanos al manifestarles que 2011 será el año de las grandes inauguraciones, que la ciudad experimentará un verdadero resurgir. A través de su director del IDU, mandó a decir que terminará las troncales de la 10ª y la calle 26 y que va a comenzar la obra del túnel de la calle 94 con carrera 9ª.

Importante que hagan algo, que culminen las obras pero sin que los contratistas se roben el dinero. Si no son capaces de cuidar la plata, es preferible que no sigan y le dejen esas tareas al próximo alcalde, que esperemos sea una persona decente, pulcra y respetuosa del erario.

Pero la responsabilidad política de la tragedia que padece Bogotá, no puede limitarse a las personas de Lucho Garzón y Samuel Moreno. Ellos llegaron al cargo impulsados por el Polo Democrático, colectividad que debe asumir su buena parte de culpa. Los amarillos se tomaron la administración y permitieron que el caos se enquistara en todas las dependencias del Distrito. El mejor castigo debe ser político y éste les llegará inexorablemente en las elecciones de octubre.

La campaña no ha empezado y aún desconocemos los nombres de los candidatos que aspirarán no a gobernar sino a resucitar a Bogotá. Por eso, más que una contienda entre vertientes ideológicas, se requiere de una gran coalición ciudadana que esté por encima de los intereses de los partidos. De esa coalición debe emanar el nombre de un candidato que tenga la suficiente capacidad política para salvar a la capital de Colombia.

A ese propósito deben concurrir el uribismo y los demás partidos que, en efecto, se compadecen con la tragedia de la ciudad. Muy por encima de las legítimas ansias de poder, deben estar los intereses superiores de Bogotá.

En este momento crítico, es cuando los bogotanos esperamos muestras ostensibles de grandeza por parte de sus dirigentes, a quienes queremos ver planteando soluciones y no enfrascados en campañas menores, peleándose como hienas los votos de una ciudadanía engañada, deprimida y desilusionada.

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Llama poderosamente la atención que la Ministra de Vivienda, reaccione con desbordada virulencia frente a las cordiales críticas que se le hacen por su inocultable falta de acción, durante la tragedia invernal que le arrebató la casa a miles de colombianos. Valdría la pena recomendarle a doña Beatriz en este año nuevo un poquito más de tolerancia y de respeto a la prensa.

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