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La técnica de Valencia Cossio

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DESDE SIEMPRE HEMOS AFIRMADO sin vacilación que este es el mejor gobierno de la historia de Colombia. Muy pocos desconocen los avances económicos, sociales y políticos que han significado estos casi siete años de Álvaro Uribe en el poder.

El debate democrático ha ocupado un lugar preponderante. La oposición ha contado con suficientes garantías para ejercer libremente su papel fiscalizador de los asuntos públicos. Gracias a la Seguridad Democrática, la izquierda ha podido consolidarse y crecer. Hace un par de décadas, los comunistas, socialistas y librepensadores fueron barridos a plomo; hoy, cuentan con el respeto y aceptación no sólo de la sociedad sino del Gobierno, tal y como se lo merecen.

Independientemente de la admiración que he observado por esta administración, creo que no estoy impedido para comentar ciertas actuaciones de algunos altos funcionarios, que considero francamente angustiantes. Ejemplo de ello es el Ministro del Interior y Justicia, un hombre que me produce absoluta desconfianza por la manera como entiende y ejerce la política. Veo en Fabio Valencia la encarnación de todos los vicios que tanto daño le han hecho a la actividad pública. Su estilo, sus ademanes, su proceder no muchas veces sincero encienden alarmas y causan preocupación, pues estoy convencido de que su participación en el Gobierno hace más mal que bien.

A los pocos días de haber tomado posesión del cargo, Valencia sorprendió al declarar en un publicitado reportaje que él no era un político sino un técnico. Álvaro Gómez Hurtado decía que a la gente hay que creerle. Partiendo de esa premisa, no entendemos cómo alguien que se precia de su conocimiento científico de las diferentes materias, esté ad portas de nombrar al señor Enrique Hómez Vanegas como nuevo director de política antidrogas.

El señor Hómez, quien seguramente es un ciudadano ejemplar y un profesional honesto, no tiene, según se lee en su hoja de vida, el perfil que se requiere para ocupar dicho cargo. Ha sido, entre otros, concejal de Rovira, alcalde de dicho municipio, diputado a la Asamblea del Tolima y abogado litigante.

En ninguna parte de su currículo se lee algo relacionado con el tema antinarcóticos, sea una especialización o al menos un diplomado o seminario. De hecho, ni siquiera habla inglés, idioma que es fundamental para poder desempeñarse con holgura en una labor que requiere contacto permanente con las autoridades correspondientes de los Estados Unidos y Europa.

Sé que estoy arando en el desierto. El nombramiento de este señor es irreversible. El ministro Valencia dirá, si es que algo sale de su boca respecto de este asunto, que según cierta resolución, el señor Hómez Vanegas cumple con los requisitos mínimos para ser nombrado al frente de tan importante oficina.

Se me olvidaba que el flamante doctor Valencia Cossio es un técnico de la política. Lástima que él tenga una concepción tan miserable de aquella labor que algún día Aristóteles calificara como la más noble de todas las que pueda desempeñar el ser humano.

El gran perdedor de todo esto va a ser el Presidente. Consecuencia del estilo del Ministro del Interior, pasará saliva ante la comunidad internacional cuando se le pregunte por la experiencia de su zar antidrogas y, avergonzado, tenga que reconocer que el doctor Hómez poco sabe de ese fenómeno, pero a cambio de ello es un hábil político del próspero municipio de Rovira.

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