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CONOCIMOS ESTA SEMANA QUE LA sala Civil del Tribunal Superior de Bogotá le ordenó al ex ministro Fernando Londoño devolver 145 millones de acciones de la firma Invercolsa.
Sobre este caso, del que mucho se ha hablado en los últimos años, hay más mitos que realidades. Lo único cierto es que Fernando Londoño es acusado y perseguido por haber enriquecido al país. Veamos la historia.
Ecopetrol era propietaria de una inmanejable red de compañías proveedoras de gas —Colgas—, que se había convertido en una de las peores cloacas de corrupción y en un monumento a la mala administración.
La situación llegó a un extremo impensable, a raíz de la compra de poco más del 30% de Colgas por parte de José Urbina. La empresa quedó en manos de tres minorías. No había quién la dirigiera.
Ad portas del colapso, decidieron darle un vuelco administrativo a la compañía y se creó una holding a la que le pusieron el nombre de Invercolsa. Eso fue hace 15 años y su valor en libros era de 45 mil millones de pesos.
Durante cinco años, quien administró a Invercolsa fue Fernando Londoño. La organizó, se la arrancó a las garras de la corrupción, la hizo competitiva y en esas estaba cuando Ecopetrol decidió vender su participación accionaria de la holding.
Pero como en casi todos los negocios rentables de nuestro país, éste tenía un amarrado tremendo. Alguien, con mucho poder, ansiaba las acciones. Pero no pudo. Londoño Hoyos acreditó sobradamente su condición de funcionario de la compañía y se hizo a los títulos, los cuales pagó oportunamente con un crédito que le hizo el Banco del Pacífico, luego de que la Bolsa de Bogotá avalara el negocio.
Empezó el gran lío jurídico. Enemigos de Londoño, comenzaron a mover la tesis de que él no había sido trabajador de Invercolsa, razón por la que la transacción estaba viciada. Abogados laboralistas de la más alta categoría como Carlos Álvarez Pereira y el hoy magistrado de la Corte Constitucional, Jorge Iván Palacio, zanjaron la discusión al conceptuar que en ese caso se cumplían sobradamente las características que permiten concluir que Londoño Hoyos, efectivamente, había sido un empleado más de Invercolsa, razón por la que podía comprar las acciones por las que, repito, él pagó.
En medio del ajetreo judicial, Londoño descubrió que la empresa estaba subvalorada. Para evitar malentendidos, ofreció devolver las acciones a cambio de lo obvio: que Ecopetrol le devolviera el dinero que había pagado por ellas.
La oferta se hizo durante el gobierno de Samper, régimen cuya oposición fue liderada por Fernando Londoño. Desde las más altas cumbres se torpedeó la devolución de acciones y el lío continuó; Ecopetrol reclama las acciones, pero no quiere devolver el dinero que se le pagó por ellas.
En cuatro oportunidades la Fiscalía absolvió a Londoño. La última vez que se pronunció sobre el tema —en tiempos de Gómez Méndez— dijo que su comportamiento había sido honorable.
Ahora, los títulos accionarios se encuentran embolatados en mil pleitos judiciales. El tribunal quiere que Londoño los devuelva. Para que eso suceda, es necesario que antes las desembarguen.
Lo que no puede olvidarse es que en el momento de su creación, Invercolsa valía 45 mil millones de pesos. Hoy, el precio de la compañía se acerca al billón de pesos. Es, de lejos, la empresa de mayor crecimiento en Colombia.
Y eso es lo que le están cobrando a Fernando Londoño: haber levantado un negocio que ha enriquecido fabulosamente al país.