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Un baño de ruda, por favor

Nada mejor para empezar este año que hablar de poesía y poetas. Cuando yo era chiquito había en Medellín una revista incomparable (sic). Se llamaba Acuarimántima, como el poema de Porfirio Barba Jacob, aquel que clama no sin despecho y amargura: “Vengo a expresar mi desazón suprema / y a perpetuarme en la virtud del canto”. Los poetas jóvenes publicaban allí y sus lectores, empedernidos azotacalles del centro de Medallo, amábamos sus escritos. Y no queríamos ni podíamos olvidarlos.

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