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La alegría de tener nuestro onceno colombiano, y de paso lo latinoamericanos pareciera haber terminado. Estoy convencido que ese tipo de alegrías y satisfacciones nos generan un impulso adicional para ser más productivos o al menos para ser más felices. Pero como no todo dura para siempre, la ilusión del mundial ha terminado para los países latinoamericanos. Pero eso no puede ser óbice para bajar ese impulso o propulsor de la felicidad. Si nos echamos a la pena no solo la productividad disminuye sino que perdemos el foco de lo realmente importante.
Sí, es claro que la alegría del mundial se ha ido, en especial para los países latinoamericanos. Sin embargo, no podemos quedarnos en el imaginario de lo que pudo ser. Tampoco en las críticas y en los golpes de pecho con el famoso “si hubiera”. A lo hecho pecho y la vida continúa. Así las cosas, es necesario que los ciudadanos nos pongamos en una actitud de productividad. Si bien es cierto que con la alegría del mundial teníamos un aditivo adicional para ser más felices y por ende productivo, no podemos dejarnos atrapar por las emociones en contra y que ello nos conduzca a la improductividad.
Es necesario entonces hacernos la vida más fácil. Pensar en lo importante es realmente lo que necesitamos. Cuidar nuestra productividad es lo que realmente importa. En el caso de los líderes empresariales es necesario ponerse la camiseta de trabajo y empujar a su organización en pro de la ejecución de sus estrategias. Motivar a su equipo de trabajo es la tarea necesaria por ejecutar. Convocarlos nuevamente en pro de la productividad es más que necesario. Para ello se necesita mucho compromiso y motivación de su equipo de trabajo. Hacerlo en esta época de desilusión propia de la fiebre mundialista es difícil pero no imposible. Lograr persuadir a sus equipos de trabajo a pasar la página y a enfocarse en lo realmente importante es fundamental.
Por su parte, los integrantes de los equipos de trabajo deben tener presente que para ser un buen líder en el futuro necesitan ser buenos liderados. Esto quiere decir que no hay que oponerse a la ejecución de las estrategias, por supuesto debatir con argumentos, pero evitar conflictos sin sustento será la clave del éxito en la ejecución de las estrategias. Por el contrario debe abrazarse y ser un agente multiplicador en el equipo de trabajo. Solo con este cambio de actitud será posible mejorar, de manera sostenible, la productividad de cualquier organización.
Buscar nuevas motivaciones y ponerle métricas será entonces la clave de la productividad. Dime cómo me mides y te diré cómo me comporto es una de las máximas de las organizaciones productivas. Así las cosas, es necesario pasar del discurso a la realidad. Para ello no solo basta con la cohesión del grupo y que todos apunten a la ejecución de una estrategia única, sino también se debe medir el desempeño del grupo sino también el de cada integrante del equipo. Por ejemplo si hay una meta de consecución de clientes a nivel de compañía, debería haber una en la que se mida la contribución de cada integrante de la organización, no solo de la fuerza de ventas sino de quienes no hacen parte de ella.
La contribución en las ventas no puede estar solo en cabeza del equipo de ventas. De la misma manera el ahorro de costos y el control de los mismos no solo puede estar en cabeza del equipo financiero, administrativo y contable sino en cabeza de todos los integrantes de la organización. Así las cosas, no solo falta con definir entonces una la estrategia y la motivación de toda la organización sino también la definición de metas y métricas individuales y grupales. Para ello es necesario que tengamos momentos de alegría perdurables y que no dependan de la felicidad momentánea de factores externos como los del mundial de fútbol. Es importante no depender de factores que no están bajo nuestro control y el fútbol o el deporte ejercido por los equipos de quienes somos hinchas claramente no lo están.