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El efecto del cierre de la frontera con Venezuela y la situación económica del país vecino ha exacerbado la necesidad de cambio de su modelo económico y con ello tanto Colombia como Venezuela podrán reactivar su historia comercial.
El intercambio comercial de ambos países ha sido natural. Sin embargo, durante el cambio de rumbo político que ha sufrido el país bolivariano, éste se ha venido a menos. Los colaterales de esta disminución tan significativa han afectado significativamente el mapa de relaciones comerciales de Colombia por un lado y por otro ha representado una oportunidad para los productores colombianos al tener que diversificar de manera forzada sus mercados objetivos.
Sin duda el gran afectado del cambio de rumbo político de Venezuela son sus ciudadanos, quienes en la actualidad atraviesan por una penosa situación de desabastecimiento de su canasta familiar. La causa raíz sin duda ha sido el cambio de modelo económico propio del movimiento socialista de sus mandatarios. No obstante, el cambio político no había tocado fondo hasta cuando el precio del petróleo comenzó su descenso y con ello se llevó por delante el presupuesto público.
La situación de los ciudadanos venezolanos no sólo es en materia de desabastecimiento de productos básicos sino también la pasmosa velocidad de las instituciones públicas, por ejemplo en materia de migración. Una de las características fundamentales de un país globalizado es la libre movilidad de los ciudadanos, en el caso venezolano esta máxima no aplica, pues quienes no tengan pasaporte vigente, deben esperar meses para poder contar con un pasaporte y con ello movilizarse.
Por el lado colombiano, los efectos del cierre de la frontera son incalculables. Primero desde el punto de vista social y por otro lado la disminución del comercio minorista en la frontera. De acuerdo con el Dane a mayo de 2016, el comercio ha disminuido 0,5% con respecto a 2015. No sólo el comercio minorista se ha visto disminuido, en materia de comercio internacional, según cifras de la misma entidad, el déficit comercial a mayo de 2016 va en US$5,454 millones. Un aliciente reciente ha sido la apertura parcial de la frontera para facilitar el abastecimiento de ciudadanos venezolanos; sin embargo, estas medidas son paños de agua tibia tanto para los venezolanos como para el comercio fronterizo del lado colombiano.
Buscar soluciones de fondo al problema de intercambio comercial debe ser una de las premisas de ambos estados y para ello se debería trazar un proceso de construcción conjunta y libre de pensamientos políticos. Por el lado colombiano, el Estado debe trazar un mapa de ruta en el que establezca un marco que blinde a los comerciantes y productores colombianos. Por el lado venezolano y sin tener en cuenta el cambio de rumbo político actual, se debe apelar al sentido común, es decir que se facilite la libre movilidad de sus ciudadanos y con ello el intercambio comercial.
Así como se trazó el mapa de ruta para la paz con la guerrilla de las farc, de la misma manera el estado colombiano debe abogar por el restablecimiento de las relaciones comerciales. Tomar la iniciativa, conllevará a una mejor preparación de los productores colombianos y además facilitará el camino para que el estado venezolano tome decisiones en pro del abastecimiento de sus ciudadanos. Sin duda los dos países hermanos serán ganadores con la firma de un acuerdo no sólo comercial sino social.