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En esta época de Adviento que conlleva la alegría y la esperanza es necesario que demos gracias por lo que tenemos, así sea poco. Sé que el ambiente económico no es el más halagüeño. Con un índice de confianza del consumidor que en los últimos seis meses ha caído 35 % y que se ubica, en noviembre, en una propiedad numérica negativa (19,6), la esperanza de los consumidores y por ende de la economía comienza a jugarnos una mala pasada. No obstante, y a pesar de las malas decisiones ya tomadas por el Ejecutivo en materia de reforma tributaria, debemos pasar la página y enfocarnos en mejorar los resultados económicos desde las iniciativas privadas.
Ya las cartas están echadas. Tenemos una reforma tributaria no anunciada en campaña presidencial, pero obvia por el sentido común. Ya es sabido que cualquier mandatario de turno trae consigo un regalo en materia tributaria. Detenerse a criticarla cuando ya ha sido aprobada o esperar que progrese una demanda sobre ella sería llover sobre lo mojado. Pasar la página y enfocarnos en la productividad desde las iniciativas privadas es lo que hay que explorar y explotar. Para ello es necesario que las empresas vuelvan a lo básico, siendo ello la búsqueda de más y mejores clientes y el mantenimiento de sus clientes actuales.
Es allí donde debe estar el foco de atención. Redefinir las estrategias de las compañías e incluir en ellas actividades de emprendimiento corporativo con un alto componente de innovación es donde está el verdadero sentido de sostenibilidad y perdurabilidad de las empresas y por ende de la economía. Por eso, mis deseos en estos tiempos navideños van en el sentido del aumento de las inversiones estratégicas. Seguir posponiendo actividades de planeamiento estratégico con la excusa de la situación actual es alimentar uno de los males endémicos de los líderes empresariales: la procrastinación. El otro mal es, por supuesto, el que ya he venido discutiendo en estas columnas: el cortoplacismo.
Es momento de pensar en largo plazo. Para ello es necesario que exista el compromiso de las organizaciones empresariales colombianas y las foráneas. Basta ya de excusas y de amenazas. Por un lado, las empresas colombianas quejándose con razón por la ausencia de productividad y por otro lado las multinacionales amenazando con irse del país por la ausencia de reglas claras. Parece un juego de niños de primaria en el que viven de las acusaciones. En lugar de ello deben salir de su zona cómoda y encontrar en esta estúpida coyuntura una posición de pensamiento estratégico que no solo será beneficioso para las empresas, sino para la economía en donde no pueden obviar a sus consumidores y colaboradores. Sí, pensar en irse del país dejaría al descubierto que nada les interesa la sostenibilidad del negocio y que sus reportes en tal sentido no son más que mentiras bien plasmadas.
Así pues, buscar estrategias tributarias debe ser parte del corto plazo y a ciencia cierta se debería estar ya trabajando en ello. Afortunadamente hay trabajo por hacer. Aprovechar este momento es parte de ese corto plazo. La mejora de márgenes de contribución y operativos también son actividades de corto plazo. Seguir invirtiendo tiempo, más del necesario, en asuntos operativos conllevará al robo de tiempo para las decisiones estratégicas. Hay que tener presente que la excelencia operativa jamás será planeación estratégica. Cuando entendamos esta máxima seguramente el porvenir será más bienaventurado.