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Felipe Jánica
23 de octubre de 2016 – 09:00 p. m.

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Con ocasión de la reforma tributaria, a la que el ejecutivo y muchos llaman estructural, son tantas las conjeturas, posiciones, críticas y hasta conclusiones políticas a las que nos enfrentamos en el día a día. Lo cierto del caso es que el texto que se ha presentado al Congreso de la República apenas comienza su curso, del que seguramente modificaciones habrá.

Seguramente mis colegas columnistas de opinión ya habrán acotado el tema de la Reforma Tributaria. A lo que quiero dejar claro que esta no es una columna más que alude el tema de moda: Reforma tributaria. Más bien es una invitación a estar bien enterados de lo que está pasando para poder argumentar, bien sea en reuniones de alto nivel (Comités de auditoría, juntas directivas entre otros órganos directivos) o hasta en tertulias informales. Lo que ha venido pasando, de manera generalizada (es mí inferencia), en Latinoamérica es una ligereza al momento de opinar. La causa raíz de esa ligereza puede ser la desinformación y no por la que se le aduce a los medios de comunicación, sino por la ausencia de lectura.

Hasta hace poco el país se debatía entre el “sí y el no”. Los argumentos parecían traídos del realismo mágico, tanto que circularon mensajes en redes sociales de fragmentos de la obra maestra de Gabo que, de manera descriptica y satírica, describían la realidad del país del Sagrado Corazón. Lo cierto del caso es que ya pasó la “moda” del plebiscito. La pregunta es ¿y ahora cuál es el tema? Sin duda, las próximas semanas vendrán discusiones en torno de la refirma tributaria, la que el ejecutivo llama estructural.

El punto realmente importante es qué tan bien informado estamos los ciudadanos y ojo no sólo los colombianos. Parece que es un mal endémico la superficialidad. Eso es precisamente lo que está pasando en un país en el que jamás se hubiera pensado algo tan semejante: EE. UU.. Si bien existen muchas críticas acerca de la realidad nacional y la latinoamericana, los “gringos” apenas se están dando cuenta de lo absurdo y mal posicionado en lo que están quedando con sus candidatos presidenciales. Sé que el mal es contagioso, pero no pensé que lo fuera tanto. Unos debates ligeros y con ausencia de astucia y profundidad, es lo que se ha evidenciado. Por su parte, los ciudadanos siguen sacando conjeturas muy simples de dicha realidad. Esa misma realidad no sólo es la gringa y la ya conocida latinoamericana, también ocurrió hace unos meses con el llamado Brexit. 

Me atrevo a inferir que la causa raíz de tanta desinformación y ausencia de criterio reflexivo, de parte de los ciudadanos – en el que me incluyo –  es la falta de lectura de las propuestas hechas por los legisladores o los gobernantes. De las 300 páginas del plebiscito ¿cuántas de ellas pasaron por las manos de lectores, así sea desprevenidos? La misma pregunta pasa por los argumentos del Brexit, de las propuestas de los candidatos presidenciales de la Unión Americana y como si fuera poco y para estar en la moda efímera colombiana y qué de las 183 páginas de la Reforma Tributaria.

La invitación entonces es a informarse mejor. Sé que los adultos estamos llenos de explicaciones, para no decir excusas donde una de ellas es el tiempo. Deberían haber reglas de juego en cualquier discusión, desde la más profunda hasta la tertuliana y es: ¿Será que todos estamos en la misma página? Es decir ¿todos leímos de lo que se está hablando? En tal sentido y para que la discusión del momento sea realmente profunda y constructiva, lo mínimo que habría que hacer es leer las 183 páginas al menos (sin incluir los argumentos) de la Reforma Tributaria Estructural y abstraer si es o no realmente estructural. 

La superficialidad es un asunto realmente importante en la humanidad. Cuanto más y mejor preparación tienen los ciudadanos mejores son sus desempeños profesionales y conductuales. Si se lograse una reforma estructural, pero en educación, partiendo desde la familia y la formación de valores junto con educación de alto nivel, “otro gallo cantaría”. No sería una obligación ciudadana el estar bien informados y leídos, más bien sería una máxima de la cual el principal beneficiado sería la humanidad.

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