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De acuerdo con el estudio de 2014 hecho por Draganska, Hartmann y Stanglein en 2014, en el que en su artículo científico comparaban la efectividad de las campañas publicitarias de marca tanto en internet como en televisión, éste arrojó como resultado que a pesar de la gran penetración del internet, la televisión aún sigue liderando la efectividad en las campañas publicitarias. Por supuesto el estudio científico se hizo en 2014, pero lo importante del estudio es que a pesar de la penetración del internet la televisión sigue “mandando la parada”. Dicho esto y teniendo en cuenta lo que viene aconteciendo en Colombia como consecuencia de las campañas presidenciales se podría inferir que el nivel de efectividad que podrían tener las campañas a través de redes sociales no serían tan efectivas como lo podrían ser las campañas por medios tradicionales como radio y televisión. Más allá de ello se debería medir la efectividad una vez termine la contienda electoral. Ya habrá tiempo para debatir al respecto. Por ahora, deberíamos ocuparnos más por el contenido que por los mensajes ligeros.
El punto de discusión no es que tan efectivas son o no las campañas publicitarias y en qué medio lo son más efectivas. Lo que está ocurriendo con las redes sociales es un fenómeno por sí solo. El abrir redes populares y toparse con mensajes a favor y en contra de ciertos candidatos se ha vuelto una costumbre. Costumbre endémica y catastrófica pues solo basta con leer un “post” para de inmediato tomar partido a favor o en contra no del “post” sino de la persona que lo hace. Lo interesante del fenómeno es que en caso de hacer cualquier comentario la réplica se vuelve casi que inmediata. Si se hace la medición de cuánto tiempo se “engancha” un ciudadano en un post, seguramente tendremos explicaciones de la ausencia de productividad.
Ya con poco asombro observo cómo se han convertido las redes sociales en un campo de batalla. Si no son los temas económicos, que además conllevan a lo social, lo son el de las opiniones personales a favor o en contra de ciertas posiciones de Estado, de gobierno o incluso de una empresa o persona. Lo que me sigue sorprendiendo es cómo este campo de batalla se exacerba con el paso del tiempo. Me deja dubitativo es el nivel de preparación de los partícipes de los debates en estas redes. Eso me lleva a pensar en la urgente necesidad de persuadir a los partícipes de estas contiendas a que en lugar de malgastar su tiempo en guerras frías más bien lo inviertan en asuntos realmente productivos.
Es que el principal afectado es sin duda el ciudadano de a pie que malgasta su tiempo leyendo o viendo videos en redes sociales que aluden a la posición política. Lo increíble del asunto no es solo el malgastar el tiempo sino caer al nivel de los insultos y las discusiones. El más perjudicado de todos somos nosotros. No solo no ganamos un peso por estar en redes sociales sino que terminamos con mal genio y eso redunda en la ausencia de productividad. Recordemos que si no somos productivos poco efectivos terminaremos siendo. Y si esto se materializa habrá alguien en el mercado que lo pueda hacer mejor que uno. Así que si usted es empleado o emprendedor, es necesario que se enfoque en lo realmente importante, en la productividad, de lo contrario ni sus amigos o seguidores de redes sociales podrá ayudarlo.
Ojalá que los candidatos puedan encontrar una propuesta inclusiva con las redes sociales y que aprovechen a todos los ciudadanos que estamos en las redes a debatir con pensamiento crítico, con altura y con contenido. Quizá lo que haga falta es una catedra “online” y por estas redes a través de videos llamativos y fáciles de entender de cara a orientar a los usuarios de las redes. Enseñarnos a tener pensamiento crítico a través del análisis de contenidos profundo pero a la vez fáciles de entender podría conducirnos a una nueva generación de ciudadanos con herramientas y sobre todo combatiendo a la ignorancia.