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Muy a pesar de la presencia de aquél oxímoron de la tensa calma, pareciera que aún no salimos de las discusiones políticas. Sí, era lógico que previo a la elección presidencial en Colombia tuviésemos momentos de efervescencia y calor. Pero luego de haberse definido la balanza por el electo presidente Duque, pareciera que el debate continúa. ¿Qué tan sano es seguir perdiendo el tiempo por lo que pasó? Esta será la pregunta que todos los ciudadanos debemos contestarnos y derivado de la profundidad de la respuesta podremos comprender que la vida continúa y debemos enfocarnos en nuestra realidad.
Al inicio de 2018 e incluso finalizando 2017, había un mundo de indecisiones. La mayoría de las empresas estaban expectante de lo que podría ser 2018 y rogaban que se acabase pronto 2017. Muchas de las inversiones que debieron ejecutarse en 2017 se detuvieron, básicamente motivadas por los resultados en ese año. Otros análisis indicaban que había que esperar a que se estabilizara el ambiente político producto de la firma de la paz amen de las elecciones del legislativo y del ejecutivo. Definitivamente, no hubo decisiones que motivaran unas inversiones necesarias para dinamizar la economía.
Pasada ya la primera mitad de 2018 y luego de conocer los resultados en materia política tanto del legislativo como del ejecutivo, seguimos en las discusiones, a mi gusto estériles, acerca de lo que pudo llegar a ser y de lo que será. Definitivamente si algunos siguen en ese análisis estarán perdiendo tiempo valioso en la búsqueda de nuevas alternativas de sus negocios y de la economía por supuesto. Estoy de acuerdo con las discusiones, pero que éstas lo lleven al camino difuso, es mejor no hacerlo. Así las cosas, es necesario que por fin se ejecuten las estrategias de las empresas en pro de su progreso y de parte del Estado, se empiece por plantear esas reformas estructurales que nos conduzcan a un crecimiento sostenible.
Por su parte, los fundamentales económicos siguen mostrando una calma controlada. La tasa de interés interbancario se ha mantenido inamovible en 4,25%. La participación en política monetaria del banco central ha sido consecuente con su mandato constitucional al haber controlado la inflación que se ha mantenido estable de acuerdo con sus pronósticos. Por otro lado, las exportaciones de los commodities, especialmente el petróleo ha tenido un repunte significativo producto del incremento del precio del Brent de referencia para Colombia. Con ello la TRM ha dado un respiro a los exportadores que ha visto cómo sus ventas se incrementan producto de la devaluación del peso con respecto del dólar americano. Quiere esto decir, que esto decir que el ambiente sigue siendo positivo no solo para la inversión extranjera sino para las empresas locales de cara a hacer inversiones significativas en pro de su crecimiento económico.
Aunado a esta estabilidad económica y ahora política, se recibe con buenos ojos la aceptación de la OCDE a Colombia. Con esta noticia, se las empresas y el estado colombiano tienen una excelente oportunidad para poner en marcha reformas estructurales que coadyuven con un crecimiento sostenible. Lograr implementar estrategias acompañadas de buenas prácticas conducirá al Estado y a las empresas a un nivel de clase mundial. Por esto y por todo lo bueno que viene para Colombia, es que debemos dedicarnos a pensar en un mejor presente y por fin dejar de lado las discusiones de lo que pudo ser y de lo que será.