Paradojas de la economía de corto plazo

Felipe Jánica
29 de enero de 2017 – 09:00 p. m.

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Con el reciente anuncio de la junta directiva del Banco de la República de mantener inalterada la tasa de interés de referencia, muchas son las expectativas por la que atraviesa la economía colombiana.

Precisamente, la conclusión de la Junta así lo indica, pues en su comunicado de prensa indica que esta decisión se toma dentro del contexto y de la evidencia macroeconómica y lo más importante y contundente que se encuentran a la espera de nueva información. Si bien existe algo de información de cómo se cerró el 2016, la tasa de interés de referencia en Colombia, pareciera ser uno de los principales determinantes de la economía del corto plazo.

Lo extraño de la decisión de mantener inalterada la tasa de interés de referencia es que el mes pasado la decisión fue en contrario. ¿Qué ha pasado de un mes a otro para que esta decisión cambie de rumbo? Ese es uno de los cuestionamientos, entre otros, que un ciudadano de a pie y que no traga entero debería estar haciéndose. Más aún, la decisión de la junta no es unánime y, por el contrario, tanto la decisión de diciembre como la de enero han sido dirimidas por un voto (cuatro votos a favor de mantenerla inalterada versus tres a favor de disminuirla). Lo que hay detrás de los argumentos a favor o en contra podrían ser las causas raíces del redireccionamiento de la política monetaria.

Para repasar un poco los argumentos de la decisión, se puede mencionar que en diciembre la junta argumentaba la disminución de la tasa por una disminución, en noviembre, de la tasa de inflación aunada a los choques transitorios de oferta y a la débil actividad económica mundial. Paradójicamente, este último argumento es idéntico, casi calcado, al argumento publicado en el comunicado de prensa de enero. Otro argumento incongruente es que el crecimiento económico de los socios comerciales de Colombia habría sido positivo, algo que en la decisión de diciembre se sostenía con argumentos muy parecidos.

En definitiva, quienes vamos a seguir afrontando las consecuencias de las decisiones del Banco seremos los ciudadanos de a pie. Y sí, finalmente quienes tendremos que cargar con el peso del impuesto más caro, la inflación, seremos los colombianos de a pie. A esta nada halagüeña perspectiva habría que sumar los efectos de la disminución del consumo provocada por una reforma tributaria antitécnica y antiestructural como la que se aprobó el año pasado en medio de la efervescencia de las fiestas de fin de año. Si bien es muy temprano para ver lo que ha pasado en el primer mes luego de la aplicación de los efectos de la reforma, lo que se siente en el comercio y en la gente es una incertidumbre que aún no se ha medido, en gran parte porque los efectos del cambio de precios se empezarán a notar en febrero y en marzo, como siempre ha pasado.

Por esta razón tan cortoplacista como los argumentos de por qué de subir o bajar la tasa de interés es que el Estado está ávido de una reforma estructural, en donde el principal argumento sea el incentivo de nuevas formas de negocio y en donde primen la investigación y desarrollo de nuevas y mejores alternativas. Una de estas alternativas podría ser, por ejemplo, el desarrollo industrial en donde el agro debería ser el caballo de batalla. Para esto se necesitarán por lo menos cinco lustros y la génesis del cambio debería ser lo estructural de la educación, básica, técnica y vocacional.

Lo cierto del caso es que hay mucha tela por cortar en materia de política monetaria, pero lo más importante es cómo el Estado, por fin, trata de establecer políticas de largo plazo y no desvía su atención con decisiones tan cortoplacistas como la subida o disminución de las tasas de interés, que, aunque necesarias para la economía, podrían dejarse en autopilotaje como constitucionalmente recibe su mandato la junta directiva del Banco de la República. Amanecerá y veremos.

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