Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Con ocasión de los acontecimientos actuales en materia económica, social y política, la energía de los ciudadanos colombianos pareciera estar diluyéndose. La realidad es que la actualidad política y económica y social, se han visto manchadas por la desesperanza y con ella la pérdida de uno de los valores más preciados de los colombianos: La energía.
Es cierto que la situación actual genera inseguridades, sobretodo en la toma de decisiones. En materia política y estando ad-portas del inicio de las campañas políticas por la presidencia, los principales actores políticos están tratando de buscar la mejor estrategia para cautivar a los ciudadanos. Por otro lado, los ciudadanos esperan con ansiedad cuál será el rumbo del Estado. Es allí donde radica, según mi punto de vista, la gran diferencia. Si por un lado los ciudadanos seguimos eligiendo candidatos al ritmo de las campañas corto placistas de los partidos políticos o de la efervescencia propia de los sonados casos de corrupción, estaremos cometiendo un error histórico.
Claramente los escándalos de la corrupción y los aportes pretenciosos a las campañas políticas y/o a candidatos por parte de los actores de la corrupción privada, estarán siendo el caballo de batalla para candidatos con aspiraciones ambiciosas. Sé que hay buenas intenciones detrás de querer dirigir las riendas de un país tan próspero como Colombia; sin embargo, elegir a un candidato que tenga como lema combatir la corrupción siendo tan vulnerable a este flagelo, no será más que un error histórico. Lo correcto para los ciudadanos es escuchar y leer bien los planes de gobierno de los candidatos y separar la calentura del momento, de lo realmente importante: los planes de largo plazo.
La situación actual no sólo es un tema político, más allá de ello está afectando a los ciudadanos y como consecuencia a la economía. Es que cuanto más se discuta, tertulie o nos llenemos de información periodística, más energía gastamos. En lo cotidiano de los negocios, pareciera que cualquier conversación para “romper el hielo” tiene su génesis en los escándalos de corrupción. Esto, se lleva consigo no sólo la energía de poder tomar una decisión correcta, sino que también alimenta la desesperanza económica. Por el lado del ciudadano de a pie, la situación no es diferente, pues no hay lugar, momento u ocasión en la que no se comente y se aporten puntos de vista en torno del flagelo más antiguo de la humanidad: la corrupción.
No obstante, el país se enfrenta a oportunidades históricas. Una de ellas es la planeación estratégica del Estado. En ésta, es donde se deberían invertir todas las energías. Remar para el mismo lado debería ser una máxima de los ciudadanos, en los que los dirigentes están llamados a ser sus principales timoneles. Tomar en consideración que el país requiere una reforma estructural de Estado y no una simple y cortoplacista como la tributaria, debería ser el caballo de batalla de los candidatos. Si esto llegase a ocurrir, la tarea sería entonces para los ciudadanos, pues cuanto más seamos conscientes de medidas de largo plazo, aunque estas no sean tan populares, mejores serán los resultados, en los que seguramente no seremos nosotros que los disfrutemos, pero sí las futuras generaciones.
Así las cosas, hay más por hacer que por criticar. Invertir el tiempo de manera eficiente nos llevará a mejores tomas de decisiones. Lo más importante es que estaremos combatiendo el mal endémico de la dilución de nuestro valor más preciado: la energía.