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Frente a un Estado ineficiente y paquidérmico como el colombiano, resulta realmente asombroso lo que se ha logrado en tan poco tiempo con Mocoa después de una tragedia que golpea a 17 barrios de la ciudad dejando cientos de personas muertas, heridas y desaparecidas.
Lo primero que debemos decir es que Colombia, tan pocas veces solidaria y tan llena de odios, se ha movilizado de manera generosa.
Millones de pesos, miles de toneladas de víveres y enseres han sido llevados a Mocoa. Hay que decirlo, la labor de la Cruz Roja, de las Fuerzas Militares y la Policía, de la Defensa Civil, de la Unidad de Gestión del Riesgo y de miles de voluntarios deja en claro que el país, a diferencia de lo que pasaba hace años, está mucho más preparada para enfrentar esta clase de tragedias. Sin duda queda claro que cuando nos proponemos a hacer bien las cosas lo logramos. Y esta es la prueba.
Así me tilden de enmermelado los malquerientes del presidente Santos, hay que decirlo claramente. El primer mandatario ha hecho en este caso su trabajo con diligencia y cuidado. Se le ha visto gobernar, dar órdenes y hacerles seguimiento a los temas. Y la prueba de eso es que volvió la electricidad, ya hay agua potable en gran parte de la ciudad y las vías de acceso se han restablecido casi en su totalidad. Los ministros han hecho su tarea y allá los hemos visto a casi todos.
Todo esto por supuesto nos lleva a hacer una reflexión y es la siguiente: cuando el Gobierno trabaja de manera armónica y sistemática logra que las cosas funcionen como hemos comentado. Entonces, ¿por qué no suelen funcionar para la mayoría de ciudadanos que padecemos su ineficiencia a diario frente a todo lo que tiene que ver con el Estado?
Otra de las enseñanzas de esta tragedia es que cuando los colombianos deponemos nuestros espíritus y dejamos los odios de lado logramos que las cosas funcionen. Pero claro, en el devenir diario nos hemos dedicado a odiarnos entre todos, azuzados por supuesto por nuestros políticos que tienen por oficio, antes que hacer política, odiarse todos con todos.
Queda claro que los colombianos en su gran mayoría son muchísimo mejores que quienes los gobiernan.
Notícula. Difícil predecir lo que pasará en Venezuela, pero se percibe que el bravo pueblo, como ellos se llaman, está realmente hastiado de Nicolás Maduro y sus cómplices. Las protestas cada vez son más grandes y, por supuesto, la opresión es también cada vez peor. Se percibe que están más asustados los opresores que los oprimidos y así empiezan a desmoronarse los gobiernos dictatoriales.
El papel de la comunidad internacional hasta ahora se empieza a sentir. Sin embargo, la OEA, entre otros, dejaron llegar las cosas muy lejos. Y hay que decirlo: el papel de Colombia ha sido timorato. Entiendo que durante el proceso de paz la prudencia fuera clave, pero ahora cuando se ha roto totalmente el equilibrio constitucional la posición debería ser más fuerte. Sé que hay que tener prudencia, pero no tanta.