Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
CIERTAMENTE ESTA SEMANAS EStuvo movida por el lado de las candidaturas para la Alcaldía de Bogotá.
El lunes el Partido Verde oficializó la pretensión de Enrique Peñalosa, que de manera inmediata recibió todo el apoyo del uribismo en cabeza del expresidente Uribe, quien, mediante nueve trinos, lo elogió de manera “generosa”.
Esta ayudita produjo, como era de esperarse, reacciones entre los miembros del Partido Verde, desde los más altos niveles hasta las bases populares que se mostraron especialmente indignadas con esa posibilidad.
Mockus reaccionó sosteniendo que en el uribismo todo vale y que el Partido Verde no está dispuesto a recibir el apoyo de un movimiento que trae sobre sus hombros termas gravísimos de corrupción, chuzadas, falsos positivos, etc. Sin embargo, el daño ya estaba hecho. La contaminada que Uribe le pegó a Peñalosa no se podrá curar a punta de antibióticos, como no se cura el sida con aspirina.
También reaccionó Lucho Garzón, quien dijo que el Partido Verde no se iba a trancar como la movilidad de Bogotá por cuenta de unos trinos de Uribe. Pero volvemos a lo mismo, el solo hecho de que el propio Peñalosa en sus entrevista del martes, una de ellas para El Radar, hubiera aceptado con beneplácito el apoyo de Uribe, lo dejó herido de muerte frente a los amigos del Partido Verde.
Creo que todo este supuesto apoyo de Uribe a Peñalosa no tiene ninguna otra finalidad que triturarlo, pues en tanto el expresidente vaya sacando a los candidatos de la contienda, se le van abriendo las puertas para llegar al Palacio Liévano —sin querer queriendo—, como es su estilo.
Contaminado Peñalosa, casualmente, esta semana el más uribista de los uribistas, Ernesto Yamhure, en su columna de este diario, le dio su apoyo a David Luna, pretendiendo desconocer las directrices de su jefe el expresidente. En ese apoyo percibo que la intención del columnista es más la de contaminar a Luna, que la de ayudarle realmente. Veo una clara estrategia maquiavélica de Uribe para ir dejando en el piso, si es que puede, a sus eventuales contendores.
Contar con el apoyo del uribismo, a través de quien sea, es tener que cargar con el fardo de asuntos como las chuzadas, Agro Ingreso Seguro, falsos positivos, robos en estupefacientes, desmovilizaciones ficticias, manejo de testigos, quiebra de la salud, por sólo mencionar unos pocos casos.
Recuerdo ahora, a raíz de este proceso sistemático de contaminación, la balada aquella que dice “hay amores que matan” y, en estos casos, matan de verdad. ¿Qué tal que a uno lo defiendan y lo impulsen José Obdulio Gaviria, Bernardo Moreno, Sabas Pretelt, Andrés Felipe Arias y Jorge Noguera?
No se equivoquen: todo esto está hecho para que Uribe llegue a la Alcaldía de Bogotá, porque él y sólo él es autoinmune a todo lo mórbido que representa el uribismo.
Notícula: siguen paradas las audiencias por el asesinato de los muchachos de Soacha. ¿Hasta cuándo habrá impunidad?