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De los Jaimes y otras cuitas

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Confieso que todos los días pasa alguna cosa que me sorprende, y eso no es fácil para ningún colombiano, pues hemos vivido en un país absolutamente demencial por muchos años.

Y hago esta reflexión porque esta semana hubo unos hechos que realmente me “sorprendieron” o, por lo menos, llamaron mi atención.

El primero, no por eso el más importante, tuvo que ver con la orden de arresto del abogado Jaime Granados, uno de los juristas del caso Colmenares, arresto este del que fue víctima la semana pasada el abogado de la familia de la víctima, Jaime Lombana. La razón de la jueza del caso: ambos abogados hablaron en los medios sobre el proceso, cuando ella lo había prohibido. Realmente, teniendo otras sanciones para imponer, resulta un exabrupto que haya metido presos a los abogados, cuando el proceso está lleno de inconsistencias y dificultades para saber quién o quiénes fueron los asesinos del joven Colmenares.

Para decirlo más claro, mientras los asesinos andan libres y felices, los abogados acabaron arrestados. Eso no es serio ni puede seguir pasando. Un proceso que ha tenido de todo, acusaciones de un lado para el otro, unos jóvenes de Los Andes encubriéndose, los padres de Luis Andrés destrozados, testigos comprados, y ahora, los abogados presos por 48 horas. Eso no es sensato, porque los delincuentes no son los juristas.

Otra cosa que me sorprendió mucho es la actitud de muchos de los dirigentes de izquierda que no dijeron absolutamente nada frente al crimen de los policías de Tumaco y la decisión de los criminales de las Farc de no entregar a los asesinos. No escuché, o al menos no encontré declaraciones, de los parlamentarios del Polo y de la exsenadora Piedad Córdoba, por sólo mencionar algunos casos, como tampoco lo hizo el exalcalde Petro. No estoy estigmatizándolos, pero bien vale la pena que alguien diga estas cosas, así resulten molestas para algunos.

También me sorprendió esta semana el actuar de Petro, quien si bien trinó menos, sigue llorando sobre la leche derramada mientras Rafael Pardo, quien lleva una semana en el encargo, ha tomado más medidas que Petro en su largo y tortuoso paso por la Alcaldía.

A veces creo que el país ha entrado en una especie de círculo vicioso, como el perro que trata de morderse su propia cola. Volvemos a los temas que creíamos superados una y otra vez, como si no avanzáramos hacia ningún lado. Los mismos protagonistas, los mismos problemas, los mismos temas, las mismas reacciones y el país ahí, como estático, mientras el presidente y los altos funcionarios del Estado muestran unas cifras heladas que reflejan, en teoría, un crecimiento que uno no ve en las calles de los barrios más pobres de las grandes ciudades del país.

No es que sea especialmente pesimista, es que siento que hay un ambiente como de pesimismo, no sólo en Bogotá sino en algunas otras ciudades del país. Y lo peor, me temo, las cosas seguirán iguales con cualquiera que sea presidente.

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