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Cada vez que nos toca a los colombianos tramitar o relacionarnos en nuestra cotidianidad con las exigencias del Estado, la vida se nos puede volver de cuadritos. Un traspaso de vehículo, sacar el pase, sacar permisos, revisión de servicios públicos, trámites de salud, etcétera.
Esta semana, por ejemplo, tuve que realizar la revisión del gas en mi casa, que es por lo demás obligatorio hacerla cada cinco años. Es la tercera que hago y en las dos anteriores todo estaba de conformidad con la ley.
Pues en la de esta semana, palabras más, palabras menos, el inspector encontró, ¡oh sorpresa!, que literalmente, según su criterio, yo estoy sentado en la bomba de Hiroshima. Es decir, según el caballero, la cocina es muy pequeña para el gas que produce la estufa. Como quien dice, según su criterio, debo emprender obras civiles mayores para poder seguir contando con el servicio de gas. Eso no lo vieron hace 10 años los de Gas Natural que autorizaron la instalación del servicio, ni quienes hicieron la revisión hace cinco años.
No, eso sólo lo detectó el genio que fue esta semana, el Einstein de las instalaciones de gas a quien, confieso, saqué a empellones de mi casa porque ya iba a ofrecerme quien solucionara sus observaciones.
Entiendo que pueda haber fugas en una válvula, aun cuando no las había. Pero de eso a tener que remodelar mi apartamento porque al inspector este se le ocurrió hay mucho trecho. Llegó inclusive a indicar que debía quitar las puertas de la cocina y abrir ductos en el piso y en los techos. Como quien dice, rehacer la cocina y dañar la fachada del edificio. Es decir, remodelar.
La misma cocina que a los anteriores revisores e instaladores de gas natural les pareció que sí cumplía con las resoluciones vigentes, proferidas, claro está, por unos burócratas inútiles.
Vi en este señor la cara de la corrupción. La del Estado malhechor, malandrín, asaltante, que nos tiene asolados y mamados.
La del “inspector” que genera los peros para ver cómo “arreglamos eso”.
Y si bien no suelo escribir sobre mis problemas cotidianos, lo hago hoy porque como yo hay millones de colombianos que a diario estamos sometidos a la corrupción, a los ataques de un Estado de mierda que nos agrede con saña como a sus peores enemigos. Un Estado delincuente que protege a los criminales y castiga a quienes cumplimos con nuestras obligaciones. Ese Estado vergajo y malhechor que se disfraza de funcionario, de inspector de gas o de tramitador.
Y mientras eso pasa, los candidatos hablan boberías y se desgastan echándose vainas entre ellos. Ninguno realmente está comprometido en la lucha contra la corrupción ni mucho menos en hacer de Colombia un país más eficiente. Claro que no, porque ellos están ocupados en sus mezquindades.
PD: Por lo pronto, desde ya anuncio mi voto por para la Presidencia por Tarsicio Maya, porque es un candidato con el que sabemos de antemano que robará. Alguien que cuenta para qué quiere llegar a la Presidencia.