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Definitivamente no entiendo para qué al presidente de la República le da por salir en calzoncillos en la primera página de El Tiempo, como si se tratara de un modelo de Calvin Klein o de un muchacho de 18 años tomándose fotos con sus amigos en Piscilago de Girardot.
Por supuesto que la primera pregunta que nos hacemos es quién es el asesor de imagen del presidente como para que le permita hacer esta ridiculez. Y recordaba la frase de Alberto Lleras cuando decía: “Nunca le diga nada a un presidente, porque ellos no oyen”. Si al primer mandatario le da la gana salir en calzoncillos en un periódico, nadie se atreve a decirle que va a ser muy criticado, como efectivamente lo fue Santos.
Es tal el desespero por la baja de popularidad que Santos pasa en la misma semana de anunciar el alargamiento del período presidencial a dormir en una casa de interés social y salir en calzoncillos. La campaña presidencial no se puede hacer en paños menores, como dicen las damas bogotanas, pues eso, aparte de no traer votos, daña la figura presidencial, como lo hacía el hecho de ver al expresidente Uribe montado en su caballo sin derramar una gota de la taza de tinto, al mejor estilo de Rodríguez Gacha.
La dignidad del cargo impone unas mínimas normas de comportamiento, que, por supuesto, nada tienen que ver con salir en bóxers. Y más grave aún es que Santos sale con una foto del diario El Pilón de Valledupar en la mano, agarrándolo como con asco.
La verdad, cuando un país como el nuestro tiene tantos y tan jodidos problemas por resolver, bien valdría la pena que el presidente se ocupara en menos cosas ligeras y dedicara sus esfuerzos a esos temas. Y aun cuando, hay que reconocerlo, ciudadanos como Bruce Mac Master, el director del Departamento para la Prosperidad Social, ha hecho una revolución silenciosa con sus programas, de la cual poco se conoce, el presidente modela sus calzoncillos azules y su camiseta desguarambilada, como si el país fuera el festival vallenato.
A mí me cuesta mucho trabajo entender esta clase de conductas populistas que, a la postre, no creo que sirvan absolutamente para nada. Pero en cambio me pregunto por qué el Gobierno sigue apoyando a Maduro, o en qué va la reforma a la salud, temas estos que más bien deberían atraer la atención del presidente. O es que acaso Maduro les parece un demócrata o Santos no se ha enterado de que los pacientes, entre ellos menores, se mueren a diario en los macabros paseos de la muerte.
Como si fuera poco el presidente, de la nada, arremetió en contra de los hijos de Uribe por supuestamente tener negocios con el Estado, exponiéndose a que el expresidente le preguntara por sus vínculos con el señor Jaramillo, proveedor del Ministerio de Defensa cuando Santos era ministro. El presidente debería recordar que ni salir en calzoncillos, ni soltar juicios de valor sirven para nada.
Notícula.
Y se posesionó el magistrado Rojas. Qué vergüenza para la justicia.
@FZuletalleras