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La moral del procurador

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Definitivamente el procurador Alejandro Ordóñez no puede ser más godo porque no hay para dónde. La tapa ocurrió esta semana en la que le mando a la Corte Constitucional una comunicación de 55 páginas en la que respalda tácitamente las erróneas conductas de las directivas del colegio en el que estudiaba Sergio Urrego, el joven homosexual que se suicidó por la persecución que le montaron en el colegio algunas de las directivas del mismo.

Disfrazando su misiva con frases a los derechos fundamentales de los ciudadanos, palabras más, palabras menos, el procurador sostiene que en los manuales de convivencia de los colegios se deben prohibir las excesivas manifestaciones de afecto entre los estudiantes. En uno de sus apartes, escandaloso en mi sentir, sostiene: “Si pueden promover una visión filosófica, moral o religiosa, concreta, como es aquella que encuentra complementariedad en el hombre y en la mujer, estimulando a los estudiantes a adoptar dicha tendencia e inclusive aconsejando a quienes experimentan una inclinación homosexual”.

Esa visión moral o religiosa no es otra cosa distinta que la de la religión católica que él profesa y pretende imponernos a los demás ciudadanos. Eso, claro está, pasándose por la faja la norma constitucional que dice que Colombia es un Estado laico.

Todavía no entiendo, y me quedaré sin entender, por qué el doctor Ordóñez insiste en pensar que los homosexuales somos pecadores, sodomitas, un mal de la sociedad. Y claro, desconoce que fácilmente el 10% de la población colombiana puede ser homosexual. Somos, por decir lo menos, una gran inmensa minoría. Y como tal no debemos tener más derechos que los demás colombianos, pero tampoco menos. Si tenemos menos, pues entonces que nos quiten las obligaciones que debemos cumplir como los demás colombianos. Eso sería lo justo.

Los miembros de la comunidad LGTBI no somos ciudadanos de segunda. Y en los países desarrollados han dejado de serlo. Acá los derechos nos han sido dados a coñazos y por migajas. Eso no es democrático y no es para nada sensato, en una sociedad que está llena de odios.

En cuanto a los colegios, pues que hagan lo que quieran, ya que somos los padres los que escogemos si metemos a nuestros hijos en colegios confesionales o en planteles liberales. Pero claro, no faltarán los que se envalentonen prohibiendo ahora lo que el procurador llama manifestaciones excesivas de afecto. ¿Cuáles serán los límites? ¿Un beso, un abrazo, una caricia?

Confieso que me escandaliza más un cura pederasta que una pareja de jóvenes, heterosexuales o no, dándose unos besitos en el colegio.

El señor procurador sigue pues en su cruzada moral tratando de salvar a las que él considera almas perdidas. Y en eso se le irá su mandato, pues aun cuando diga o deje de decir, la comunidad LGTBI seguirá luchando por sus derechos hasta que los alcance todos. Y que de eso no le quede la menor duda ni a él ni a quienes se oponen a los mismos.

@FZuletalleras

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