Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Varias de mis periodistas amigas han escrito en sus columnas recientes sobre el hecho de que la fiscal general, Viviane Morales, decidió volver con el excongresista Carlos Alonso Lucio, quien fuera condenado hace unos años y quien militó en el M-19.
Ellas aducen que resulta inconveniente que la fiscal tenga como cónyuge a una persona cuestionada y sentenciada.
Creo que el tema debe ser mirado con mayor objetividad y, por qué no decirlo, con menos apasionamientos. Lucio ya pagó su deuda con la sociedad y ni a él ni a nadie se le puede condenar el resto de su vida. Pero además preocupa que se pueda pensar siquiera que la fiscal Morales pudiera tomar una sola decisión sobre la base de su vida íntima. ¡Eso, aparte de ser injusto, es una locura!
Primero, porque ha demostrado y con creces ser totalmente independiente y, segundo, porque resulta inconveniente que los periodistas empecemos a meternos, literalmente, entre las sábanas de los empleados públicos.
La vida privada es eso, privada. Y quienes aducen que los funcionarios no la tienen se equivocan, pues los que ejercemos el periodismo, denunciando, investigando, preguntando, tampoco tendríamos derecho a tenerla.
Para los efectos prácticos, los periodistas somos orientadores de la opinión pública y, por lo tanto, estaríamos impedidos para serlo, porque en nuestras vidas privadas tenemos, por decirlo de alguna manera, conductas que resultarían inmorales o inconvenientes. La condición humana nos ha puesto a todos en situaciones que a la luz de la sociedad podrían ser incorrectas. No conozco colegas santos ni diablos per se. Somos humanos como todos los demás, y el oficio no nos da patente para inmiscuirnos en la vida íntima de nadie.
Precisamente lo que estamos presenciando es la indebida intromisión en la vida íntima de la fiscal general. Si esa es la nueva tendencia, pues entonces convendría que lo digamos de frente. Así podremos empezar a revelar los secretos que todos conocemos de los demás, secretos que precisamente forman parte de la vida privada.
Ahora bien, volviendo al tema de la fiscal Morales, si alguien sabe y tiene las pruebas de que el señor Carlos A. Lucio está influenciando las decisiones de la fiscal, pues que lo diga y lo denuncie, porque lo otro no pasa de ser un rumor que le hace mucho daño a una persona que, como la fiscal, ha demostrado ser honesta, trabajadora, seria y firme.
La fiscal Morales se está dando unas pelas muy duras en contra de los corruptos y las mafias. Y en eso hay que acompañarla con generosidad, altruismo, desprendimiento. ¿Será mucho pedir esto por el bien del país?
Hoy especialmente recuerdo a nuestro señor Jesucristo cuando dijo: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. ¿Quién se le mide?
Notícula. Independiente de mis convicciones políticas, como bogotano confío en que Gustavo Petro haga una buena gestión. Esta ciudad no resiste una improvisación más. ¡Doctor Petro, serénese!
Twitter @fzuletalleras