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“La política es el arte de la controversia, por excelencia. La milicia el de la disciplina.
Cuando las Fuerzas Armadas entran a la política lo primero que se quebranta es su unidad, porque se abre la controversia en sus filas. El mantenerlas apartadas de la deliberación pública no es un capricho de la Constitución, sino una necesidad de sus funciones… Por eso las Fuerzas Armadas no deben deliberar, no deben ser deliberantes en política. Porque han sido creadas por toda la Nación, porque la Nación entera, sin excepciones de grupo, ni de partido, ni de color, ni de creencias religiosas, sino el pueblo como masa global, les ha dado las armas, les ha dado el poder físico con el encargo de defender sus intereses comunes… Yo no quiero que las Fuerzas Armadas decidan cómo se debe gobernar a la Nación, en vez de que lo decida el pueblo; pero no quiero, en manera alguna, que los políticos decidan cómo se deben manejar las Fuerzas Armadas en su función, su disciplina, en sus reglamentos, en su personal…”.
El mantenerlas apartadas de la deliberación pública no es un capricho de la Constitución, sino una necesidad de sus funciones… Por eso las Fuerzas Armadas no deben deliberar, no deben ser deliberantes en política. Porque han sido creadas por toda la Nación, porque la Nación entera, sin excepciones de grupo, ni de partido, ni de color, ni de creencias religiosas, sino el pueblo como masa global, les ha dado las armas, les ha dado el poder físico con el encargo de defender sus intereses comunes…
Con estas palabras, Alberto Lleras, en un discurso dado en el Teatro Patria en mayo de 1958, sentó una doctrina que desarrolló durante su Presidencia entre 1958 y 1962. Lleras tenía perfectamente claro que a las Fuerzas Armadas no se les debe involucrar en asuntos de carácter político. Y lo sabía muy bien porque la República venía de la dictadura del general Rojas Pinilla.
Traigo a la memoria esta parte del discurso porque el jueves el ministro de Defensa, doctor Luis Carlos Villegas, les pidió a las Fuerzas Armadas que de “manera silenciosa”, pero en sus corazones, salieran a defender el Sí por la paz. Olvida el ministro que todo lo que tiene que ver con los acuerdos de La Habana y el plebiscito son actos políticos por sí mismos. ¿Qué puede haber más político que un acuerdo de paz que tiene dividida a la sociedad colombiana?
Se equivoca el ministro al hacer este llamado, pues las Fuerzas Armadas, aun silenciosamente, no deben verse involucradas en temas que son de naturaleza política. Finalmente son más de 400.000 colombianos que, como los demás, tienen sus propias opiniones sobre lo que está pasando entre el Gobierno y las Farc. Unos están de acuerdo, otros en total desacuerdo pues han visto a sus victimarios de frente y no quieren que deambulen orondamente por las calles.
Gran error involucrar a las Fuerzas Militares en asuntos políticos, cualesquiera que ellos sean. La paz, las peleas entre partidos, etcétera.
Quisiera entender que el ministro Villegas actuó de buena fe. Pero se equivocó. Jamás pensé que podría coincidir con el procurador Ordoñez en algo. Pero estoy totalmente de acuerdo cuando él sostiene que es totalmente ilegítimo poner a las Fuerzas Armadas a trabajar por el plebiscito. Además es peligroso pues las armas de la Nación que portan los miembros de las Fuerzas Armadas son para proteger los intereses de todos, por lo que deben mantenerse al margen de cualquier confrontación ideológica.