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Los nuevos “cronistas”

Felipe Zuleta Lleras
28 de diciembre de 2014 – 09:00 p. m.

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TAL VEZ USTEDES TAMBIÉN HAN notado que en los últimos meses han aparecido los hijos de algunos narcotraficantes, como el hijo de Pablo Escobar y los hijos de los Rodríguez Orejuela, a escribir o relatar sus propias versiones sobre lo que pasó en Colombia cuando sus padres eran amos y señores.

Eso para no hablar del libro de una de las amantes de Miguel Rodríguez.

De manera pues que ahora la historia reciente de Colombia no la escriben los historiadores sino los hijos de los narcos y sus amantes, todos ellos con sus propias agendas. Tiene que estar muy jodido un país que pasó del Manual de historia de Colombia o del libro del profesor David Bushnell, llamado Colombia, un país a pesar de sí mismo, a los libros de los nuevos cronistas del país.

Personalmente he tenido en mis manos varios de esos libros, que gentilmente me enviaron las casas editoriales. No me pienso leer ninguno de ellos, no porque estén mal escritos, pues estos personajes se han cuidado de escribirlos a cuatro manos con prestigiosos periodistas, sino porque todavía hay mucha cosa por leer como para perder el tiempo en esa literatura, si es que así se le puede llamar a esa basura.

Hay que estar demente para leerse un libro escrito por el hijo de Escobar o la amante de los Rodríguez. El morbo, pienso yo, puede ser lo que lleve a algunos a perder su tiempo en eso. Lo grave, sin embargo, es que esos libros quedan publicados, como nunca quedaron los libros de quienes ellos mataron. Por ejemplo, me hubiera encantando leer un libro escrito por los magistrados de la Corte Suprema asesinados por el M-19 con la ayuda de Escobar, o tal vez uno escrito por alguno de los policías que asesinó Escobar, o por alguno de los sobrevivientes del avión de Avianca que voló el capo, o por don Fidel Cano.

La literatura basura se ha tomado los estantes de las librerías y lo peor es que se vende. Y de las entrevistas ni para qué hablar, pues si bien aparentemente son noticia, lo que hacen es reabrir unas heridas a los familiares de quienes fueron víctimas de los carteles.

Está muy enferma una sociedad que tenga como fuente de información a los parientes de los criminales, pues a este paso los delincuentes de las Farc, si algún día se integran a la sociedad, empezarán a escribir su versión sobre la historia de Colombia. Y es que la historia no la relatan sino quienes sobrevivieron para contarla. A este paso las futuras generaciones habrán olvidado a los buenos para admirar a los malos. Y eso no pasa ni en las películas de Hollywood, en donde los buenos siempre casi ganan.

Me sumo a quienes han decidido no comprar estos libros, pues consideran, como yo, que no enaltecen sus anaqueles, sino que, por el contrario, los ensucian. No hay nada más personal y que nos refleje más que los libros que reposan en nuestras bibliotecas.

Notícula

Le deseo un buen 2015 a cada uno de ustedes, si es que los pícaros y los ineptos que nos gobiernan lo permiten. Quiera Dios. 

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