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Los toros

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No voy a corridas de toros. Lo he hecho en algunas oportunidades, pero con los años llegué a la conclusión de que no me gustan. No encuentro ninguna gracia en ver cómo mueren los toros, el sufrimiento al que son sometidos y, por supuesto, el riesgo que corren los toreros.

Entiendo las razones por las cuales los taurófilos asisten entusiasmados a las corridas. Gozan con el espectáculo y no los culpo por eso. Sin embargo, me uno a los animalistas, sin que sea tan radical como ellos, para oponerme a las corridas.

Precisamente esta semana el alcalde Peñalosa, de la mano del senador Carlos Fernando Galán, presentaron un proyecto de ley que busca, según ellos, además de no permitir el sufrimiento de los animales, que cada ciudad pueda decidir si quiere que estos espectáculos se lleven a cabo o no.

Pero claro, después de cuatro años de no tener corridas en Bogotá, por cuenta de una decisión arbitraria y controversial del exalcalde Gustavo Petro, a partir de enero vuelven los toros a la plaza de toros, por sentencias de la Corte Constitucional y del Consejo de Estado.

Personalmente creo que no debería haber corridas de toros, independientemente de si matan o no al animal. Amén de lo que algunos consideren bonito, lo cierto es que en general el uso de animales en espectáculos circenses siempre me ha parecido grotesco. Sean perros, micos, elefantes, leones o toros, para efectos de las corridas.

Ahora bien, el proyecto del alcalde Peñalosa, y lo digo con respeto, es controversial, entre otras cosas porque a él no le gustan los toros, pero con algunas modificaciones quiere que sigan. Entiendo que como liberal el alcalde no quiere imponerles a las minorías decisiones por cuenta de quedar bien con el honorable público. Pero esta podría ser una magnífica oportunidad para que en el Congreso se debata el tema a profundidad, si eso es posible en el parlamento. Será difícil, porque cuando se expidió la ley contra maltrato animal, los toros y las peleas de gallos quedaron excluidos. Se adujeron razones de índole cultural y tradición popular. Por eso el proyecto busca equilibrar lo cultural con la protección al toro, que no moriría en la faena. El proyecto contempla modificar el estatuto taurino, que es ley, prohibiendo la pica, las banderillas, etcétera. O sea, todo lo que le produce dolor al animal.

Desde ya podemos vislumbrar una gran polémica, porque ciertamente los que no queremos más corridas de toros somos más y posiblemente eso influirá en la decisión que tomen los padres de la patria. De golpe este proyecto acaba prohibiendo las corridas del todo.

Tendremos que esperar a ver qué pasa con este proyecto, porque por lo pronto el Congreso estará bastante ocupado estudiando, esperemos a conciencia, la reforma tributaria estructural que presentó el Gobierno esta semana y que será motivo de una columna posterior, una vez tengamos claros los fuertísimos efectos que la misma tendrá en el bolsillo de los 50 millones de colombianos.

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