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Esta semana el senador Álvaro Uribe Vélez, como los magos, sacó de la manga una nueva carta: subirles por una sola vez y de manera extraordinaria el salario mínimo a millones de colombianos. Es claro que, de conformidad con la Constitución, el Congreso no puede otorgarle facultades extraordinarias al Gobierno si este expresamente no las ha pedido. Sin embargo, el flamante expresidente no se tomó el trabajo de leerse la norma o, peor aún, la conoce bien pero no le importa.
Este proyecto de ley me suena, por todo y por todo, a un típico acto de populismo barato, característico de un personaje como Uribe. Entre otras cosas porque nada es claro frente al tema. Ya en las últimas horas el mismo senador Uribe esbozó la idea de que ese dinero adicional iría para los fondos de cesantías, pero no lo recibirían los trabajadores. Aduce Uribe que de esta manera se evita la presión inflacionaria. Sostienen algunos “expertos” que el hecho de que la plata no vaya al trabajador directamente no quiere decir que no la reciba el trabajador. Que cosa tan populista y poco práctica. Finalmente se benefician los dueños de los fondos de cesantías. Y a los trabajadores les tocaría hacer piruetas o mentir para hacerse a ese aumento.
Todo esto es un disparate del expresidente Uribe, quien es un experto en desviar a la opinión pública de los temas que lo aquejan, entre ellos los procesos penales que tiene en su contra en la Corte Suprema de Justicia. Al momento de escribir esta columna no había habido pronunciamiento alguno del Gobierno, que tendría, si está de acuerdo, que avalar el proyecto.
El país tiene muchos más problemas que lo aquejan como para poner a los colombianos en esta discusión bizantina. Me imagino, especulando, que el señor presidente y el ministro de Hacienda no andarán muy contentos. Es más, esta semana trascendió que ni siquiera la ministra de Trabajo, doctora Alicia Arango, sabía previamente de este proyecto de ley. Entonces cabe preguntarse si no será que Uribe está tratando de marcarle la cancha al presidente Duque, generándole situaciones de hecho como la que estamos comentando.
Algo debe estar pasando con el Centro Democrático, que ha tenido un par de duros golpes esta semana. El hecho de que no hayan votado todos por el candidato de Uribe para contralor demuestra que el senador Uribe no está manejando a toda su colectividad. Pero esto también pone de manifiesto que el presidente Iván Duque podría tener problemas de gobernabilidad para sacar sus proyectos. Ojalá el Partido Liberal, el Conservador y Cambio Radical no lo pongan en corruptas negociaciones, pues eso sería funesto para un Gobierno lleno de buenas intenciones y, sobre todo, con un presidente decente.
Notícula. Qué gran ejemplo dio el presidente Iván Duque al no haberse metido en la elección del nuevo contralor, Carlos Felipe Córdoba. Duque ha demostrado ser un gobernante respetuoso de las instituciones con talante liberal y democrático. ¡En buena hora para el país!
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