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Ha sido aprobada esta semana —mediante una ley— una reforma importante al Ejército, que contiene algunos temas que afectan a millones de colombianos.
En efecto, y gracias, entre otras personas, al general Alberto Mejía, comandante del Ejército, de ahora en adelante ese Ejército se empieza a transformar para un país en paz. Quedó claro que no se desvalija ni se disminuye como lo sostenían los opositores a los diálogos de paz entre el Gobierno y las Farc. Muchos, de manera mentirosa como suelen hacerlo algunos de los seguidores del expresidente Uribe, llegaron a decir que el futuro de las Fuerzas Militares se estaba negociando en Cuba.
Pues para su amargura, si es que todavía les queda espacio para más hiel, la reforma no sólo fortalece al Ejército, sino que además lo moderniza haciéndoles un homenaje a los soldados de la patria. Sí, esos que nos han defendido con valentía.
Primero, se reduce el tiempo de la prestación del servicio militar obligatorio de 24 a 18 meses, lo que ciertamente es una buena noticia para los soldados y sus familias. Pero además de eso, se les aumenta el sueldo a cada uno de los soldados de $90.000 a $340.000 mensuales como un justo reconocimiento. Podrán además empezar, mientras prestan su servicio militar, a tomar cursos en el Sena, es decir, a prepararse para cuando salgan de la institución.
Se soluciona el problema de cientos de miles de jóvenes remisos, es decir, aquellos que no se presentaron cuando debieron haberlo hecho. Antes se les imponían multas anuales de $20 millones. La ley trae una amnistía que les permite regularizar su situación por $111.000 sin sanciones. Se respeta además en esta ley la objeción de conciencia, es decir, se pueden aducir razones varias, entre ellas de tipo religioso, para no prestar el servicio militar obligatorio.
Pero además se acaba con las costosas tasas de compensación que eran millonarias. Hoy se deja una tarifa, pero se exonera, por ejemplo, a las víctimas de la violencia o personas pertenecientes al Sisbén.
Pero lo más importante es que arranca una nueva época para el glorioso Ejército colombiano. Época de cambio, de modernización, de desarrollo hacia un país diferente, un país en paz.
Todo lo que se haga por nuestras Fuerzas Militares es poco. Todos estos hombres y mujeres que lograron defender a la Nación de los violentos y perversos ataques de la guerrilla.
Miles de ellos perdieron sus vidas en esta guerra y nunca fueron reconocidos como lo que eran: como héroes de la patria. Pues es la hora de que les rindamos ese tributo.
Confieso que nada menos podría haber pasado conociendo al general Alberto Mejía. Es tal vez de los mejores oficiales que haya tenido el Ejército en años. Preparado, estudioso, juicioso, honesto y respetuoso de la Constitución y las leyes. No en vano es el hijo del general Nelson Mejía Henao, otrora gran comandante de las Fuerzas Militares.
Notícula. Por vacaciones esta columna no aparecerá el próximo domingo.