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Un día decisivo para Colombia

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Hoy, después de más de 50 años de guerra, los colombianos podremos votar por el Sí o por el No para refrendar o no los acuerdos entre el Gobierno y las Farc que emocionados vimos firmar el lunes pasado en Cartagena. Lo que allí sucedió no era un simple acto formal. Era nada menos ni nada más que el fin del conflicto con las Farc.

Y como lo he dicho en varias oportunidades en esta columna y en Blu Radio, quienes fuimos víctimas de este grupo armado, y yo lo fui, en una gran mayoría apoyamos el acuerdo. El perdón es tal vez una de las actitudes más honestas de las personas. Y lo es porque requiere generosidad, y mucha, por quien ha sufrido con los actos de las Farc. Por supuesto que es más fácil odiar que perdonar, porque el odio produce esa sensación de alivio, mal sana, a quien odia. En cambio el perdón produce una sensación de bienestar a quien perdona.

Mire usted amigo lector, que oyendo a los opositores del acuerdo, entre ellos al expresidente Uribe, a quien vi por primera vez en mi vida el jueves en Blu Radio, pienso que de verdad parecería que quisieran ver a los de las Farc combatiendo y asesinando colombianos como lo hicieron durante más de medio siglo. Me cuesta mucho trabajo entender que haya personas que, por tecnicismos jurídicos, prefieran las balas a las palabras. Acaso, pregunto, ¿no es mejor ver a los guerrilleros echando paja que echando balas?

La desinformación en torno al contenido de los acuerdos ha sido brutal. Y, como es obvio, somos pocos los colombianos que los hemos leído en su integridad. Por supuesto que hay dudas, pero éstas sólo se podrán despejar con el paso del tiempo y con el cumplimiento, por parte y parte, de lo acordado. Hay que darle una oportunidad a la paz. Tal vez la última que tenga. Porque de no aprobarse lo acordado, posiblemente algún gobierno y las Farc se volverán a sentar dentro de cinco o seis años y otros 15 o 20 mil muertos. Víctimas que son precisamente muchachos pobres, de estratos uno y dos, y campesinos que jamás tuvieron la oportunidad de salir adelante por culpa de un Estado indolente y una clase dirigente ajena a su realidad.

Con los acuerdos de La Habana el Estado se compromete a hacer cosas que ha debido hacer siempre. Lo que lograron las Farc no es nada más que obligar al Estado colombiano a cumplir lo que está escrito en la Constitución de 1991. Y eso, por supuesto, en vez de hacernos daño, debe llevarnos a tener una sociedad más justa e igualitaria. Sin discriminaciones de ninguna especie. Llevarnos también a la conformación de una nación en donde quepamos todos, todos los colombianos.

Vea usted amigo lector, que hoy es muy importante votar. Hágalo como quiera, pero hágalo a conciencia. Piense en qué clase de país quiere para sus hijos y sus nietos. Y si usted es joven, vote pensando en su futuro. Por mi parte, y sé que esto no cambiará su voto, lo haré por el Sí, porque no quiero que ningún colombiano sufra más por cuenta de esta absurda guerra.

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