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Y seguirá el desastre

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ESTA SEMANA ENRIQUE PEÑALOSA anunció que definitivamente será candidato a la alcaldía de Bogotá, y en vez de alegrarme, sentí una especie de pánico, pues inmediatamente entendí que va a pasar lo mismo que hace cuatro años.

Se le abre el camino a la candidata Clara López, por cuenta de la división de los candidatos, que podríamos llamar de centro. No existe la menor posibilidad que Rafael Pardo se deje meter en el cuento de quedar o no por los resultados de una encuesta, así la última de Gallup lo favorezca. Esto en plata blanca lo que quiere decir es que nuevamente Bogotá acabará en manos de la izquierda, por cuarto período consecutivo, con las consecuencias por todos conocidas. El desastre en el que está la capital sería apenas remontable si los bogotanos fuéramos capaces de elegir a  cinco alcaldes buenos en un lapso de 20 años. Y hay candidatos sin duda. Peñalosa, Pardo, Luna, Galán y la propia Parody. Pero claro, con la decisión de Peñalosa y la actitud de Pardo, que sostiene que no armará un sindicato en contra de la izquierda, esto significa que Bogotá y sus habitantes estaremos condenados a seguir viviendo en la inmunda.La izquierda ha demostrado no saber gobernar sin meterle ideología a todos los temas. Mucha filosofía y pocas decisiones gerenciales. Las consecuencias saltan a la vista. Veamos el caso de Petro, quien personalmente no es corrupto, aun cuando tiene investigados a muchos de sus funcionarios. Ha tomado decisiones que les costarán a los bogotanos miles de millones de pesos. Subsidios como los del agua, el Transmilenio y otros, al mejor estilo chavista, le han puesto al presupuesto una carga muy difícil de soportar al mediano plazo. Y peor aún, decisiones como volver a crear una empresa de basuras con unos sindicatos insaciables, asuntos estos que más temprano que tarde reventarán las finanzas del Distrito. Esta semana me lo decía alguien: “Lo de Petro es grave por las decisiones que no se ven” pues es un experto en distraer la atención sobre todas las medidas equivocadas y populistas que solo con el tiempo dimensionaremos y, peor aún, padeceremos. Petro no solo resultó demagogo e  improvisador, sino que no fue capaz ni de ejecutar sus propios planes de gobierno como lo han denunciados la Veeduría, la Personería y la Contraloría. Es además un experto disociador porque  si ha habido alguien en este país que ha sembrado el odio entre las diferentes clases sociales ha sido precisamente el alcalde Petro. Habla de paz mientras instiga  el odio entre los diferentes estratos de la sociedad.  Si Peñalosa y Pardo no se unen y llega la izquierda otra vez,  esta ciudad acabará convertida en una pequeña república de Venezuela, pero con el agravante de que es, nada más ni nada menos,  la capital de la República. Ojalá esté muy equivocado, pero me temo que no pues los hechos así lo están demostrando.Así pues que el futuro de Bogotá depende de la sensatez de Peñalosa y Pardo. ¿Será mucho pedirles?

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