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Y siguen los ataques

Felipe Zuleta Lleras
28 de noviembre de 2009 – 11:59 p. m.

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CIERTAMENTE NO TIENE SENTIDO que llamemos al Señor Presidente a la cordura y a los buenos modales, pues como él mismo lo ha sostenido esta semana, sigue siendo un gamín, término que de conformidad con el diccionario es “el  niño o joven que vagabundea en pandillas y vive de la limosna o del robo”. ¿Acaso habría algo más que agregar?

Tal vez por eso mismo es que el Gobierno que preside el doctor Uribe actúa como lo hace, pues el talante del Primer Mandatario se refleja a diario.

Bien decían las abuelas, que quien es gamín, es gamín. Lo interesante es que algo sospechábamos con respecto a la gaminería del Señor Presidente, pero gracias a Dios él mismo nos lo ha aclarado. ¡Si de gamines hablamos, ya sabemos hacia dónde dirigir nuestras miradas!

Esta manera de actuar explica la brutal arremetida que ha desatado el Gobierno en contra del presidente de la Corte Suprema y, por contera, en contra de todos los magistrados del alto tribunal. La ira santa del Presidente se debe a que en una entrevista concedida a este diario por el doctor Augusto Ibáñez, éste puso en evidencia que el Gobierno nuevamente y, por milésima vez, miente y acomoda los hechos a los gustos del Primer Mandatario.

El profesor Ibáñez se limitó a decir que en una de las reuniones sostenidas con el Señor Presidente no se había hablado de la terna para Fiscal. Nunca sostuvo, así el Gobierno insista en lo contrario, que no se había hablado en alguna oportunidad sobre las condiciones de los ciudadanos que conforman la terna para fiscal.

Es decir, que el Gobierno, como producto de su desesperación, salió a defenderse de una acusación que nadie le había hecho.

Todo este episodio, sumado a las medidas cautelares que organismos internacionales le han concedido motu proprio a tres magistrados de la Corte, ponen una vez más de manifiesto que el Gobierno pretende intimidar a la Corte para que no imparta justicia como se lo ordenan la Constitución y la ley.

De ahí la imperiosa necesidad de que la Corte Penal Internacional empiece sus investigaciones sobre la extradición de los comandantes paramilitares y los falsos positivos; así se deduce de lo ocurrido esta semana en Madrid, en donde la comunidad internacional y el juez Baltasar Garzón han puesto la mira en Colombia para que ello sea así.

El Presidente está nervioso y no es para menos, pues no ha habido una sola semana en los últimos tres años en que el Gobierno no se haya visto salpicado por algún escándalo o acto de corrupción.

En una democracia ningún gobierno, gaminesco o no, puede sostener, mediante comunicados de prensa, que los jueces, o en este caso el presidente de la Corte, es un mentiroso y que por lo tanto no puede impartir justicia, cuando para los colombianos es claro y contundente que en este país las mentiras no salen del Palacio de Justicia, sino de la Casa de Nari.

¡El grado de enervamiento del Presidente de la República denota que cada vez está más gravemente afectado en su estabilidad emocional!

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