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Besos pecado

Fernando Araújo Vélez
06 de septiembre de 2014 – 10:00 p. m.

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Si lo viéramos bien, si fuéramos capaces de escudriñar nuestra infinita complejidad, encontraríamos esa respuesta sin palabras que hay detrás de cada beso.

En un beso de fuego, porque te deseo y eres más que una pasión; en un beso de compromiso, en un beso de traición, como el de Judas, o en un beso blanco de amistad, porque te quiero, simplemente por eso y para que lo sepas; en un beso negro, de odio, para no rebajarme tanto hasta el punto de que te des cuenta de que te odio si no te beso; en un beso de adiós, inhalando perfumes, texturas, porque quiero recordar este beso hasta que muera; en un beso de rutina, para tratar de engañarte en vano, pues este amor ya murió y los dos lo sabemos, y en un beso ante la mirada envidiosa de todo el mundo, para que sepas cuánto te deseo y para que lo sepan y lo soporten ellos también.

Si lo viéramos bien, diríamos como Sándor Márai: “Cada beso humano es también una respuesta a una pregunta que no se puede formular con palabras”. Si lo viéramos bien, nos tragaríamos el 95 por ciento de nuestros besos para no delatarnos en ellos, y nos delataríamos sólo con aquellos que elegimos. Besaríamos con sinceridad. Con pasión, odio, amor, amistad, no importa, pero con sinceridad. Cada beso sería la conjunción de mil sentimientos imposibles de reunir en unas cuantas palabras, gracias mi amor por todo lo vivido, como una vieja canción; gracias señor por la libertad; gracias señora por su valentía, gracias señorita por su entrega; y unas cuantas palabras podrían ser la gran mentira puesta en evidencia por ese beso. Si lo viéramos bien, comprenderíamos que no hay un beso igual a otro.

Que un beso puede ser el comienzo del más grande de los amores, o el inicio de una tragedia. Que gastamos tanto los besos, que a veces un no beso nos marca por el resto de nuestra vida. Que hay besos de ternura y besos de miedo y besos de angustia y de infierno y de hiel y de sal y de lluvia y besos subversivos, y besos de no puedo más con la sangre que se precipita por mis venas y si no te beso muero. Hay besos de mil colores y besos arrancados al infierno, besos pecado, besos locura, e incluso, besos desafío, pero yo sé que el que me debes no cabe en ninguna palabra.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
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