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Creer

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Aunque nos bombardeen con patrias, banderas, solidaridades y amor a los demás, seguimos inmersos en lo imposible.

Volteamos la cara y nos atiborramos de vidas e historias ajenas para no admitir que la nuestra es infinitamente frágil y pende de un hilo que manejan otros. Hablamos de amores, y deseamos y besamos y mordemos, confundiendo ese instinto animal con el amor Disney rayo luminoso te amaré toda la vida, y luego creemos en ese amor, cuando en realidad hacemos un pacto de mutua conveniencia. Indagamos, preguntamos, analizamos al otro para conocerlo como podemos conocer a un personaje de novela rusa y lo inventamos a nuestro acomodo y, sin embargo, sin embargo, jamás lograremos aprehender a nadie, ni saber qué piensa en realidad, qué lo mueve, qué lo mata, qué lo hace levantarse todas las mañanas, con qué sueña y qué lo lleva a querer matar.

Protestamos, conversamos de revoluciones, exigimos derechos que nos han impuesto los mismos que los han violado, creamos fundaciones y nos desgastamos en discursos contra éste o aquel, pero para que los demás nos aplaudan, para limpiar nuestra conciencia y creer que algo hemos hecho con nuestra vida. Nos mentimos por culpa y por miedo, sin entender que la culpa y el medio han sido las armas históricas con las que nos han dominado para que terminemos siendo unos simples números que producen y son vigilados, perseguidos, analizados y explotados. Por culpa y miedo, y porque en realidad sólo nos importamos nosotros, somos incapaces de apagar los televisores y dejar de comprar lo que producen quienes nos explotan. Por culpa y miedo ayudamos, y por culpa y miedo nos paralizamos. Por culpa y miedo nos escondemos tras máscaras de bondad, y por culpa y miedo nos esclavizamos.

Nos desgastamos en palabras, y somos tan ingenuos, que creemos en esas palabras. Las palabras nos ilusionan, las palabras nos condenan. Creemos, porque necesitamos esperanzas. Creemos, porque no queremos admitir que estamos rodeados de imposibles y que nuestro destino es el vacío. Creemos, porque no sabemos qué ocurrió con exactitud ni qué ocurrirá, y lo que está ocurriendo será olvido en dos minutos.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
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